Reflexiones en torno a la carta encíclica Fratelli tutti del papa Francisco, sobre la fraternidad y la amistad social

José Manuel Monterroso
Académico Universitario

“Hace falta ayudar a reconocer que el único camino consiste en aprender a encontrarse con los demás con la actitud adecuada, que es valorarlos y aceptarlos como compañeros de camino, sin resistencias internas”.
Papa Francisco

No es mi intención escribir estas líneas sobre la exhortación apostólica Fratelli Tutti con el fin de resaltar la figura y los pronunciamientos del papa en cuanto tal. Lo hago más bien para resaltar el pronunciamiento de un líder universal que, al igual que lo han hecho (o lo pueden hacer) otros, se pronuncia y lanza propuestas concretas a partir de la exposición y del análisis de hechos y realidades propios del tinglado político, social y religioso de todo el mundo.

Origen o motivo de inspiración

El motivo más profundo y primero por el que la encíclica fue escrita no cabe duda que es el deseo que tiene su autor por hacer de este mundo un lugar de convivencia fraterna y pacífica en tres órdenes: del ser humano consigo mismo, del ser humano con el universo, también llamado “casa común” y, de manera especial, del ser humano con sus semejantes. Sin embargo, la encíclica tiene también un origen coyuntural que resulta muy coherente con el primero y con el mismo título y contenido. Este origen es la histórica e inédita reunión del papa con el líder espiritual de los 1,100 millones de musulmanes sunitas en los Emiratos Árabes Unidos. De forma muy transparente, el papa lo expresa así en el numeral 5 de la encíclica:

“…en este caso –dice el papa en el número 5 de la encíclica- me sentí especialmente estimulado por el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb, con quien me encontré en Abu Dabi para recordar que Dios «ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos». No se trató de un mero acto diplomático sino de una reflexión hecha en diálogo y de un compromiso conjunto. Esta encíclica recoge y desarrolla grandes temas planteados en aquel documento que firmamos juntos. También acogí aquí, con mi propio lenguaje, numerosas cartas y documentos con reflexiones que recibí de tantas personas y grupos de todo el mundo”.

Fruto de esta reunión, ambos líderes religiosos firmaron un documento de cinco páginas y cuyos temas, ―Dios, el uso de la violencia en la religión, paz, dignidad humana, igualdad y justicia, mujeres niños y ancianos― de una u otra forma, sirven de guía y sustento a la nueva encíclica que el papa dio a conocer al mundo el pasado sábado 3 de octubre en Asís, junto a la tumba de san Francisco.

El Papa Francisco abraza al jeque Ahmad el-Tayeb, gran imán de la Universidad al-Azhar de Egipto, durante una audiencia privada en el Vaticano el 16 de octubre. (Foto CNS / Vatican Media).

Estructura y contenido del texto

En su tercera encíclica o exhortación apostólica de 84 páginas, escrita en español aunque con un título en italiano (no en latín como ha sido lo más común), Jorge Mario Bergoglio, más conocido como papa Francisco, vuelve a abordar candentes temas sociales y emite interesantes reflexiones sobre este mundo, azotado por las terribles consecuencias económicas y sociales que provoca el COVID-19. Con valentía, este líder mundial, hace una fuerte condena al dogma y sistema neoliberal y, de alguna manera, coincide lo que muchos pensadores han dicho: que el neoliberalismo es un “pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente” (Eduardo Ibarra Aguirre, en Análisisafondo diario).

La encíclica está compuesta por ocho capítulos y por 287 numerales. Por razones de espacio, me detendré a describir muy brevemente solo los dos primeros.

En el primer capítulo, titulado “Las sombras de un mundo cerrado”, el líder religioso hace un análisis de la realidad del mundo actual, cubierto en su mayoría por nubes oscuras que osan ocultar la luz del sol y que “desfavorecen el desarrollo de la fraternidad universal” (núm. 9). Un mundo en el que la libertad de opinar y la defensa de los derechos fundamentales del ser humano se ven constantemente atacadas e, incluso, destruidas. Un mundo plagado de contradicciones, como la que se da cuando se logra un gran avance en las tecnologías, pero al mismo tiempo se producen grandes retrocesos en el proceso de la defensa de la vida y la dignidad de quienes son los autores y artífices de tales avances: el hombre y la mujer de hoy. Un mundo, en fin, en el que las fronteras ponen límite a la dignidad de la persona humana y se niega el derecho a una “ciudadanía universal” que no pasa de ser un mero eslogan de tantas y tantas predicaciones que se llevan a cabo en diferentes ámbitos.

Sin embargo, lo más importante de este capítulo es que el papa no se queda haciendo elucubraciones sobre las maldades y la cruda realidad del mundo actual, sino que hace un fuerte llamado a ver una luz al final del túnel: una invitación a la esperanza, como una realidad que […] «está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive. Nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor […]» (núm. 55).

En el capítulo dos, titulado “Un extraño en el camino”, a partir del relato del “Buen samaritano”, tomado del libro sagrado del cristianismo, el papa despliega toda una exégesis profunda y actualizada de tan conocido texto. La indiferencia de unos y la solidaridad del personaje principal son realidades que se concatenan y originan en la existencia misma de la especie humana. Lo más sobresaliente de esta historia es que se sigue repitiendo en nuestros días. Los personajes que intervienen en ella siguen actuando en las sociedades del mundo moderno. Hay “salteadores” que toman lo que no les pertenece. Políticos y funcionarios públicos que amparados por la cuota de poder que se les otorga no tienen escrúpulos para extraer de los erarios nacionales los recursos que aportan los ciudadanos o se prestan para brindar servicios públicos que atentan, incluso, contra la vida misma de las personas. Ejemplos de esto sobran por todos lados. Sobran aquellos otros que, ante el dolor y la necesidad de alguno de sus semejantes, “dan un rodeo y siguen su camino”. Sin embargo, también hay “buenos samaritanos” que sin escatimar ningún esfuerzo dan de su tiempo y recursos para mejorar las condiciones de vida de los más necesitados y olvidados, los “sin nombre” de la época actual.

Los siguientes capítulos, a partir del abordaje de temas muy álgidos de la sociedad actual, como el perdón y la pena de muerte ―por citar algunos ejemplos―, se convierten en un cúmulo de propuestas concretas para la construcción de un mundo más justo y solidario. A lo largo de estos se repiten muchas veces términos como “mundo abierto”, “horizonte universal”, “amor efectivo”, “diálogo”, “amistad social”, “reencuentro” y tantos otros que hacen énfasis en la creación de ambientes en los que la hermandad sea el denominador común de todas las acciones, tanto del hombre como de la mujer de hoy. Con el uso y la conjugación de verbos como “acercar”, “expresar”, “escuchar”, “mirar”, “conocer”, “comprender”, etc., el sumo pontífice quiere dejar muy claro que la hermandad es tarea de todos y de todas. O nos hermanamos o estaremos condenados a la ruina y la debacle de nuestro mundo. Como bien dijera alguien en un conocido periódico de circulación internacional, “O nos unimos o nos hundimos”. ¡Esto no es un juego de palabras, es la realidad!

 PRESENTACIÓN

Después de ocho años de haber sido elegido pastor de la Iglesia universal, el Papa Francisco ha escrito una nueva Encíclica, Fratelli Tutti.  En ella, continúa con la misma tónica “franciscana” (inspirado en “Il Poverello” de Asís) que lo conduce a preferir algunos temas: la fraternidad (“Fratelli Tutti”), el cuidado de la casa común (“Laudato si’) y la celebración de la fe (“Lumen fidei”).

Nuestra edición no puede ignorar un texto capital que nos invita, más allá de la reflexión moral por la que podemos contrastar nuestros estilos de vida, a revisar la crítica del cristianismo católico a las ideologías y la cultura contemporánea.  Nos puede gustar o no, compartirlo o rechazarlo, pero no podemos, en nuestro afán por la revisión de las ideas, ignorar su contenido dirigido también al mundo extra eclesial.

En ese sentido, el texto de José Manuel Monterroso es introductorio.  Nos ofrece pinceladas que, al esbozar su estructura y subrayar elementos, motivan la lectura.  Según el columnista, el llamado a la “amistad social” rebasa la simple invitación a la conversión personal, al exigir, sobre todo, la transformación del sistema social que impera en nuestros días.  Así lo deja establecido, según la cita siguiente.

“Con valentía, este líder mundial, hace una fuerte condena al dogma y sistema neoliberal y, de alguna manera, coincide lo que muchos pensadores han dicho: que el neoliberalismo es un “pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente” (Eduardo Ibarra Aguirre, en Análisisafondo diario)”.

Deseamos que la lectura del Suplemento lo encuentre sereno en su hogar, comprometido en los afanes de la vida cotidiana. No desistamos en la lucha por la transformación del mundo.  Se puede lograr, debemos mantener firme la esperanza.  Que las ideas fecunden su espíritu y sean la simiente de una ética alternativa.  Hasta la próxima.