KEMONÏK CH´AB´ÄL / TEJER VOCES

¿Quién maneja al títere?

Sandra Xinico Batz

sxinicobatz@gmail.com

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Sandra Xinico Batz
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¿Se estará reconfigurando el poder? ¿Cuán capaces somos de leer entre líneas la “coyuntura”? ¿Quién o quiénes manejan al títere? ¿Cuánto gana el circo por jugarse hasta la dignidad? No se trata sólo de nuestro futuro (que al parecer a ninguno de estos funcionarios les importa), el botín (qué está en juego) es grande para arriesgarse a que algo pueda salir mal y que se salga de sus manos. La política en Guatemala parece de ficción, lastimosamente es real.

No hay nueva política en el país, aunque esto nos desilusione. Son los mismos que ya estuvieron y tuvieron la “oportunidad”, pero al final hicieron las cosas mal, estos son los que siguen influenciando la política nacional y se jactan de formar jóvenes, juventud que está proclive a no reconocerles porque de esto se ha tratado la historia, de olvidar.

Pensar en nueva política implicaría necesariamente cambios sociales, aunque suene trillado es algo que todos ofrecen, pero que al final asusta, ¿quién no querría que la realidad cambiara de la noche a la mañana? ¿Cómo se cambia a la sociedad? El problema de siempre de los partidos políticos es que funcionan como empresas (el Estado mismo funciona como una empresa) cuyo mayor evento se da cada cuatro años y prácticamente todo el tiempo lo invierten en ello, en ganar, al final de cuentas es una inversión que se debe recuperar.

En política no caben las buenas intenciones, como dice el dicho, “de buenas intenciones está lleno el infierno”. Es ingenuo pensar que la corrupción es todo lo que carcome este país, también es una forma de evadir la realidad, de que somos un país en extremo desigual, racista, clasista, machista, misógino, militaroide… que se sostiene de ideas, prácticas, ideologías que están presentes en nuestras cabezas y acciones; que hemos pasado así los últimos 494 años y que está costando hasta hoy la vida de miles de personas.

El poder por el poder, en sí mismo, no significa cambios. Quitar a unos para ponerse otros tampoco implicará diferencia si hacemos las mismas cosas, de la misma forma, queriendo obtener resultados distintos. Los cambios sociales no se dan por inercia como tampoco se cederá el poder por pura voluntad.

En política tampoco podemos seguir equivocándonos al estilo Jimmy Morales, cuya elección se dio en un escenario montado de “nuevos aires”, cuya campaña se la tragaron completita aún en medio de denuncias acerca de los militares que controlaban su campaña y partido político, así como no bastó que fuese un racista que se mofaba de los demás para ganar dinero. ¿Cómo evitamos seguir “equivocándonos” así?

Necesitamos dudar. No creer en la neutralidad u objetividad en política porque ya sabemos a dónde van las “buenas” voluntades. Nos urge recuperar las capacidades de reflexión y análisis para entonces sí elegir, de lo contrario seremos títeres con la diferencia de que unos ganan miles de quetzales por su actuación y muchos otros ganan miseria por seguir tragándose el cuento de que en Guatemala elegimos presidentes.