Más de 60 mil embarazos se han registrados en mujeres de 10 a 19 años durante el 2021. Foto: La Hora

El juego de vestir, bañar, darle de comer y dormir junto a una muñeca de repente se ha convertido de distracción a una triste realidad para miles de niñas y adolescentes, quienes víctimas de violación, un día se despiertan con la obligación de ser madres improvisadas y abandonadas por un sistema que las convierte en cifras que dan pavor al mundo.

Las cifras son alarmantes: Solo este año, de enero a octubre se han registrado 60,464 nacimientos en madres de 10 a 19 años en Guatemala. Aunque el año aún no termina, esta cifra rebasa el total de nacimientos recortados el año pasado, de acuerdo con los registros del Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva (Osar).

Diversos factores influyen en la perpetuación de este fenómeno que afecta a niñas y adolescentes guatemaltecas, pero en este panorama los nuevos hijos e hijas concebidas deberán desarrollarse en un entorno que no siempre es atendido por el Estado.


LA COMPLEJIDAD PARA LAS NIÑAS Y ADOLESCENTES

El análisis de este fenómeno parte desde la clasificación de dos grupos: las niñas de 10 a 14 años; y las adolescentes de 15 a 19 años.

Silvia Trujillo, investigadora social y especialista en temas de mujeres, refirió que concretamente se puede nombrar al embarazo en niñas de 10 a 14 años como violación, delito que también estaría presente en casos de adolescentes de 15 a 19 años, aunque para determinarlo deberá analizarse de forma individual.

“De 10 a 14 tenemos certeza que son hijos e hijas producto de una violación sexual y eso obviamente tiene una connotación diferente, porque se está hablando con certeza de embarazos forzados, es decir, hijos e hijas que no fueron deseados”

Silvia Trujillo, investigadora social

 

En un espectro general, Trujillo analizó que las niñas y adolescentes muchas veces son obligadas a asumir responsabilidades para las cuales no están cognitivamente preparadas. “Niñas y adolescentes, aunque crean, vamos a decirlo de esta manera, que han sido mamás por elección, bueno es complejo porque ¿qué herramientas tiene para el ejercicio de una crianza?, ¿qué oportunidades tiene de una crianza distinta?”, cuestionó.

Estadísticas del 2021. Foto: OSAR

Alertó que para las madres jóvenes un embarazo implica una irrupción en su ritmo de vida, causando en algunos casos el abandono escolar o cuanto menos una ralentización.

En cuanto a los nuevos bebés, hijos e hijas de madres jóvenes, la socióloga enfatizó que su análisis requiere una revisión más exhaustiva; no obstante, muchos de esos niños tienden a reproducir contextos de empobrecimiento y poco acceso a oportunidades.

“Estamos hablando de niños y niñas criados por niñas y adolescentes o el apoyo de abuelas de 30 años. Es una cosa muy compleja y en un Estado conformado para que la respuesta a esa crianza siga siendo individual; no hay redes del Estado para que estas niñas madres no tengan que dejar de estudiar y eso reproduce las condiciones de poco acceso a oportunidades, lo cual es muy complejo”, planteó.

Desde otra perspectiva, existe la victimización de las madres jóvenes al informar su embarazo desde distintos espacios. “Imagínate los niveles de victimización y revictimización que padeces siendo, además, insisto, una niña y adolescente con mucho desconocimiento y pocas redes. Es un panorama complejo para ellas y complejo para los hijos”, agregó.

 

INFORMACIÓN LIMITADA O RESTRINGIDA

Trujillo indicó que en general las mujeres en Guatemala cuentan con dificultad para obtener información sobre la maternidad y educación sexual y reproductiva, lo cual se agudiza aún más en adolescentes y niñas, quienes, en algunos casos, no reciben esta educación en el hogar.

“Cuando vos sos niña o adolescente tenés menos herramientas, menos conocimiento; si no has crecido en un entorno en donde se te haga saber sobre tus derechos sexuales y reproductivos, si no tenés a la mano servicios, tampoco los vas a ir a buscar porque no sabés muy bien qué es eso. (…) Las mujeres desconocemos muchísima información sobre nuestro propio cuerpo porque no te la facilita el Estado, no te la facilita la familia y mucho menos la religión”, razonó.

Según lo conversado con Silvia Trujillo, los testimonios de niñas madres son desgarradores, que van desde relatos de niñas que ni siquiera comprenden cómo amamantar a su bebé, además, que la violencia estructural se traslada de generación en generación, pues esa madre niña o adolescente sigue siendo víctima, pero ahora hay alguien más que sufrirá las consecuencias de un Estado ausente: el o la bebé.

Los nuevos hijos e hijas concebidas deberán desarrollarse en un entorno que no siempre es atendido por el Estado. Foto: La Hora

Desde una perspectiva médica, Mirna Montenegro, directora de Osar, comentó que, primero, un neonato hijo o hija de una niña cuenta con más probabilidades de nacer con bajo peso, es decir menos de 4.5 libras; segundo es 14 veces más propenso a morir al primer año de vida en comparación a un bebé concebido en condiciones idóneas.

“El desarrollo de los bebés está comprometido por el bajo peso, por la pobreza en que viven las niñas. A veces tenemos que apoyar con leche porque realmente hay niñitas que no pueden dar de mamar a sus hijos, no tienen desarrollo de glándulas mamarias. Está comprometido su desarrollo y su nutrición y diría que hasta un tema de desprotección social”, señaló Montenegro.

 

 

 

También, lamentó que tampoco es posible obligar a una niña madre a cuidar de su bebé, pues en muchos casos es un recuerdo directo de su violación.

Por otro lado, la mayoría de nacimientos en madres adolescentes y niñas son manejados con cesaría, ya que la cabeza del bebé no pasa por la pelvis de la madre, aspecto que implica un costo de recuperación adicional para las niñas y adolescentes.
Estos nuevos bebés no siempre crecerán en un entorno de protección y seguridad, pues, según la directora de Osar, algunos tipos de violencia y rechazo pueden generarse entre la madre y el bebé al ser un nacimiento no deseado.

Foto ilustrativa. La niñez corre múltiples riesgos en Guatemala, las niñas en especial. Foto La Hora

Además de lo anterior Montenegro indicó que las madres adolescentes y sus hijos pueden enfrentarse a la pobreza, más aún, considerando que una joven sin la escolaridad completa no puede optar por trabajos altamente remunerados.

“Por eso vemos a muchas madres con sus bebés pidiendo dinero. Se dice que un embarazo adolescente es la mejor manera de perpetuar una cadena de pobreza, desnutrición y violencia. Lo otro es que muchas son madres solteras. Diría que la gran mayoría de embarazos en adolescentes se ven comprometidos”, sostuvo.

Según Montenegro, la tendencia apunta que en jóvenes sin asesoría médica, psicológica y reproductiva probablemente reproduzcan otro embarazo a una temprana edad, replicando los mismos patrones del embarazo anterior.

 

SIN INVERSIÓN PÚBLICA, LA PROBLEMÁTICA AUMENTA

Alejandra Contreras, especialista en políticas sociales del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), destaca que la desprotección de las niñas y adolescentes embarazadas es consecuencia de una ausencia del Estado e inversión pública en este sector de la población.

“Un hogar no puede vivir bien si está en condiciones de pobreza y ello condiciona que las niñas puedan sufrir violencia sexual de esa manera”

Alejandra Contreras, especialista en políticas sociales de Unicef

Desde Unicef, Contreras observó que la inversión pública en Guatemala todavía tiene una brecha muy grande en materia de garantizar o contar con un sistema de protección social respecto a la pobreza y condiciones de vulnerabilidad. En ese sentido, mientras la inversión pública no llegue a las niñas y adolescentes, continuarán siendo vulneradas.

Registros de la referida entidad muestran se han registrado más de 1,400 casos de embarazos en menores producto de una violación. Foto: La Hora/Archivo.

“Para prevenir estos casos, además de medidas de justicia para estas situaciones se necesita una inversión de fondo que ataque las condiciones de inequidad y vulnerabilidad. Si el Estado de Guatemala no prioriza la inversión en la niñez y adolescencia se está truncando la oportunidad de su desarrollo; recordemos que los niños y niñas crecen en entornos y necesitan entornos libres de violencia”, sentenció.

Contreras refirió que Guatemala maneja un gasto público social entre los más bajos de la región, lo cual está condicionado por una de las cargas tributarias más bajas de la región. Los 60,464 bebés no solo necesitarán servicios de salud, sino un seguimiento especial para cada caso, acompañamiento psicosocial para sus madres y así fomentar un cuidado saludable del menor. Desafortunadamente, agregó la profesional, no todos los casos contarán con estas facilidades.

 

Jeanelly Vásquez
Estudiante de periodismo en la Universidad de San Carlos de Guatemala y entre ratos podcaster. Creo en el feminismo y la lucha por la igualdad social; me interesa la política, medio ambiente y derechos humanos. Estoy comprometida con concienciar a mi generación sobre la importancia de una participación ciudadana activa.
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