Oscar Clemente Marroquín

ocmarroq@lahora.com.gt

28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.

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Desde 1985 la Municipalidad de Guatemala ha estado bajo el control de Álvaro Arzú y su gente, lo que se traduce en un importante bastión para el partido Unionista que fue fundado por el mismo Arzú y que tras su muerte fue heredado por su hijo Álvaro Arzú Escobar. No se puede negar el peso político que tiene el control de ese Municipio que, hasta ahora, ha estado ligado a esa fuerza política mediante el desarrollo de una formidable maquinaria electoral que no sólo les permitió ganar una y otra vez los comicios para elegir al Alcalde, sino que además meter uno que otro diputado para garantizar presencia en el Congreso y la supervivencia de la organización como una de las entidades reconocidas y autorizadas para participar y postular candidatos.

Ayer, sin embargo, se produjo una sorpresa en la Asamblea General que tenía que elegir al nuevo Comité Ejecutivo del partido no sólo por la presencia de Enrique Degenhart, quien se ha promocionado como futuro candidato presidencial de los Unionistas, sino por la total exclusión del Alcalde Ricardo Quiñónez y de sus más allegados, quienes habían venido participando y figurando en la organización. Gente que ha seguido de cerca el trabajo político y las campañas por la Alcaldía, asegura que Quiñónez era mucho más que la mano derecha de Arzú en esos esfuerzos y que sobre él pesaba todo, realizando la coordinación de los comités de barrio que jugaron siempre un papel crucial en los resultados para preservar el control de la Municipalidad.

Los Unionistas, que viven del recuerdo de Álvaro Arzú, saben que tendrán en la participación de Roberto Arzú, hijo mayor del desaparecido ex alcalde, a un importante competidor porque ya demostró en la elección pasada que puede obtener más votos que el partido, lo que hace aún más importante el rol que pueda jugar no sólo personalmente Quiñónez como Alcalde, sino toda la maquinaria electoral bien aceitada que ha sido crucial para esa fuerza política desde tantas décadas.

De momento lo único que se sabe es que Ricardo Quiñónez y su gente quedaron fuera de las posiciones importantes del Comité Ejecutivo y sin duda ello dará lugar a intensas negociaciones de uno y otro lado para imponer sus condiciones de cara al futuro electoral. No estimo que el Alcalde esté pensando ahora en ser el candidato presidencial porque con la experiencia adquirida y el nivel de organización que han desarrollado en el área metropolitana puede sentirse relativamente cómodo buscando la reelección, lo cual logró aún cuando tuvo que arrastrar a un binomio que no despertó ningún interés entre los electores.

El tema Degenhart es diferente, porque se sabe que busca el poder pero que, además, no es de los que llega a conformar un equipo sino que su personalidad lo hará convertirse en la figura central de todo el partido, haciendo que todo gire alrededor de él y que sus decisiones sean la última palabra.

Será interesante ver cómo discurren los hechos luego de esta primera escaramuza y quiénes puedan salir ganando o perdiendo. No olvidemos que el FRG había llegado a ser una buena maquinaria electoral pero no sobrevivió a la muerte de Ríos Montt, tal y como ha sucedido con otros partidos con fuerte cacicazgo.

Oscar Clemente Marroquín
28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.
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