¿Qué celebrar el “Día Internacional de la Filosofía”?

Raúl Fornet-Betancourt

Escuela Internacional de Filosofía Intercultural. Aachen/Barcelona.

Según la resolución con la que la UNESCO oficializaba la celebración anual del “Día Internacional de la Filosofía” en el 2005, el llamado mundial a la conmemoración de este día responde, entre otros motivos, al propósito de contribuir a la renovación del compromiso con la filosofía y a la sensibilización de la opinión pública de cara al reconocimiento de la necesidad de la filosofía en el mundo de hoy.

A la luz de este noble propósito se ve, pues, que la instauración de un “Día Internacional de la Filosofía” no pretende fomentar la autocomplacencia, sino más bien incitar a actos que ayuden a despertar en el ámbito público la conciencia de que la filosofía sigue siendo un bien espiritual necesario para la humanidad. Lo que a su vez, sin embargo, da base para suponer que este llamado se hace precisamente porque se ha notado un preocupante debilitamiento del compromiso por la filosofía y de la sensibilidad filosófica en las sociedades actuales. Y si se me permite agudizar más esta suposición, que es para mí la que deja traslucir la verdadera razón de ser del llamado a celebrar un día de la filosofía, diría que se trata del inquietante presentimiento de que la humanidad actual camina rumbo a una época sin filosofía.

Con lo cual no quiero decir que se vislumbre una época sin instituciones que mantengan la filosofía como carrera, adorno cultural o parte optativa de un curriculum académico. Con “época sin filosofía” me refiero a un tiempo en cuyo horizonte estarían ausentes las preguntas de la filosofía como cuestiones que atañen radicalmente la vida humana; un tiempo, pues, que orientaría al hombre hacia una vida sin conciencia de la necesidad de ser sensible a semejantes cuestiones.

En tal sentido “una época sin filosofía” marcaría una novedad y un dramático desafío, pues significaría en el fondo que el ser humano está cambiando substancialmente la manera de entenderse a sí mismo y de proyectar su existencia en la tierra. (Pues, ¿no son acaso las preguntas que inquietan al hombre o, mejor dicho, lo que busca con ellas lo que decide el tipo humano que es y su forma de convivir y habitar el mundo?).

A este respecto conviene recordar que hasta hace relativamente poco se consideraba en filosofía como plausible la apreciación de que si bien la filosofía, en tanto que disciplina de un saber específico con técnicas y métodos propios, era algo ciertamente ajeno y lejano para la mayoría de la gente –incluidos sectores cultos–, no sucedía lo mismo con las cuestiones de las que trataba la filosofía. O sea que se suponía que la gente tenía sensibilidad para las cuestiones filosóficas, es más, que las sentían como cuestiones en las que se reflejaban necesidades suyas vitales, como las de averiguar el destino último del hombre, aclarar del sentido de la vida o discernir lo verdadero, lo justo y lo bueno, por ejemplo.

Raúl Fornet-Betancourt

Pero, ante el proceso de cambio antropológico aludido antes, ¿no tendríamos que reconocer que ese consenso de los filósofos ha perdido su plausibilidad, mostrándose hoy más bien obsoleto, al menos en referencia al rumbo general hegemónico de nuestra civilización actual, tan alérgica al lento ritmo de la reflexión y a la interrupción del ruido de sus sensacionales mecanismos de entretenimiento? Mi respuesta es que sí, y por eso el llamado a celebrar el “Día Internacional de la Filosofía” me plantea esta pregunta:

¿Qué significa conmemorar el día de la filosofía en días que parecen apuntar a una “época sin filosofía”?

Desde mi punto de vista lo primero que deberíamos hacer los filósofos y las filósofas ante esta pregunta es resistir la tentación de la fuga del mundo, la tentación de retirarse, resignados, a una hueca soledad con la pretensión de poder compensar la pérdida de relevancia social con cantos a la heroicidad de la vida filosófica solitaria. Y creo que en esta resistencia nos puede iluminar el propósito que he destacado entre los motivos que da la UNESCO para convocar la celebración del día de la filosofía. Pues si nos fijamos bien ese propósito nos urge a hacer lo contrario, es decir, a mantener la presencia en el mundo, reforzando nuestro compromiso e intentando sensibilizar el espacio público para la necesidad de la filosofía.

Ahora bien, conmemorar el día de la filosofía en el espíritu testimonial de este propósito supone compartir la convicción que, a mi entender, lo sostiene, a saber, que la filosofía tiene una palabra esencial y duradera que decir al hombre actual; y que, justo por ser una palabra esencial y duradera, debe decirla además con firmeza, determinación y resolución. ¿Y será necesario advertir que firmeza, determinación y resolución nada tienen que ver con dogmatismo o fundamentalismo, pero sí, y mucho, con el cierto “deber de intransigencia” que la filosofía en razón de su sabia memoria de humanidad carga sobre sus hombros y que, en Marx por ejemplo, se expresa en aquel nuevo imperativo categórico que resumía en la no negociable máxima del echar por tierra todas las relaciones que humillen al hombre en su humana dignidad?

En esta línea me permito afirmar que una forma concreta de cumplir hoy en 2020 con lo que se nos pide con el llamado a conmemorar el “Día Internacional de la Filosofía” es la de continuar el paso de la resistencia a la tentación de fugarse del mundo con este otro paso propositivo firme: “atreverse” a intervenir en la situación cultural de nuestra época con el mismo valor con que lo hizo en su tiempo ese gran filósofo judío del medioevo que fue Maimónides (¡tan antiguo y persistente es el problema del errar el camino recto en el hombre!), quiero decir, con “guías para perplejos” que confronten la opinión pública con los valores de esa memoria de veraz y bondadosa humanidad en la que la filosofía encuentra lo que dura y debe ser custodiado en el paso del tiempo ― evidentemente, no para bien suyo sino justo para bien del ser humano.

PRESENTACIÓN

Esta semana se ha celebrado el Día Mundial de la Filosofía, un acontecimiento que llama a reflexionar no solo en la naturaleza y función de la filosofía, de capital importancia para la conciencia identitaria de ese saber, sino en su pertinencia a veces dudosa por el carácter ocasionalmente pasivo, según la asunción de sus protagonistas.

Como se sabe, ya es un cliché considerar a los filósofos como una especie de Budas místicos en estado inútil de arrobamiento desvinculados de la realidad. En esa línea consiste la crítica de Raúl Fornet-Betancourt que trata también de subrayar el valor del análisis crítico con que contribuye la filosofía a la sociedad contemporánea, pero además la vitalidad de una disciplina necesaria y urgente dentro de los planes de estudio de las Universidades.

La cita siguiente quizá resume el carácter de su texto: “Desde mi punto de vista lo primero que deberíamos hacer los filósofos y las filósofas ante esta pregunta es resistir la tentación de la fuga del mundo, la tentación de retirarse, resignados, a una hueca soledad con la pretensión de poder compensar la pérdida de relevancia social con cantos a la heroicidad de la vida filosófica solitaria. Y creo que en esta resistencia nos puede iluminar el propósito que he destacado entre los motivos que da la UNESCO para convocar la celebración del día de la filosofía.

Pues si nos fijamos bien ese propósito nos urge a hacer lo contrario, es decir, a mantener la presencia en el mundo, reforzando nuestro compromiso e intentando sensibilizar el espacio público para la necesidad de la filosofía”. En La Hora valoramos el pensamiento expresado no solo en la filosofía, sino también desde la rica variedad artística que explora el misterio e intenta ser su testigo.

Así, compartiendo la búsqueda, reconocemos el esfuerzo de los mensajeros que, libres de ideologías, traslucen la realidad a partir de una actitud sincera.  Para ellos, en consecuencia, siempre habrá un espacio particular en este Suplemento. Antes de despedirnos, le recomendamos las contribuciones de José Manuel Fajardo Salinas, Vicente (Chente) Vásquez y Santos Barrientos.

Es imperativo ofrecer a nuestro paladar toda clase de viandas en favor de la comprensión del mundo siempre problemático.  Nos gusta ser su compañero de viaje en esa tarea también fascinante e iluminadora.

Que descanse.  Hasta la próxima.