Hoy todo el tema se centra en la lealtad a Trump tomando en cuenta que, sin duda, él posee un caudal político importante. Foto Ap

El conflicto que se vive ahora en el Partido Republicano de los Estados Unidos, tras la remoción de Liz Cheney por haber desafiado la autoridad de Donald Trump como el nuevo amo de ese partido, específicamente en el tema de las argumentaciones sobre un masivo fraude en las últimas elecciones, pone sobre el tapete la manera en que los populismos terminan aniquilando principios e ideologías aún en partidos con enorme tradición. De ser conservadores en todo el sentido de la palabra y haber sido promotores del libre mercado, que se tradujo en numerosos acuerdos eliminando barreras con otros países, los republicanos se han convertido en proteccionistas no sólo imponiendo barreras al comercio, sino también para preservar la mentira como cimiento de su fuerza.

Hoy todo el tema se centra en la lealtad a Trump tomando en cuenta que, sin duda, él posee un caudal político importante y la mayoría de los republicanos en el Congreso no quieren enfrentarlo por lo que hasta muchos de los que denunciaron el proceder del entonces Presidente el 6 de enero con la toma violenta del Capitolio, ahora lo exculpan repitiendo la argumentación de un fraude electoral que nadie ha podido probar.

El tiempo dirá si la apuesta que eliminó a Cheney fue acertada para el futuro del partido o si se traduce en su debilitamiento para el futuro. De ser el Partido Republicano es obvio que ahora es el Partido de Trump, quien impone sus peculiares ideas, alejadas de los valores, principios e ideología del más antiguo de los partidos norteamericanos, el que inspiró Lincoln durante generaciones y que Reagan fortaleció con su neoliberalismo.

Redacción La Hora

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