Ayer el Congreso concretó el primer eslabón con la designación de dos magistrados a la CC. Foto La Hora/Congreso

Ayer en el Congreso se concretó el primer eslabón de la ansiada conformación de la Corte de Constitucionalidad que se ha convertido en la clave de la total cooptación de la justicia. Tal y como había informado La Hora, hasta medio día las instrucciones eran elegir a Dina Ochoa como magistrada titular y a Silvia Valdés como su suplente; la mayoría de la alianza oficialista se sentía cómoda para concretar la votación encumbrando a dichas abogadas y así marcar el ejemplo a las otras instancias que deben también nombrar magistrados. Pero algo ocurrió en el curso de la mañana y tras algún importante y trascendental aviso dejaron a Silvia Valdés literalmente con los colochos hechos y en su lugar fue electo Luis Rosales, actual miembro de la Junta Directiva del Congreso, quien dejará su influyente posición en la aplanadora legislativa para ser suplente de la CC.

El antecedente del año pasado, cuando los manifestantes fueron brutalmente dispersados con abuso de la fuerza pública rindió sus frutos porque ante algunos llamados a protestar, el Congreso fue rodeado por la fuerza pública que “disuadió” cualquier intento para protestar por la elección que se pudo concretar con total normalidad, salvo por ese súbito cambio de planes cuya razón se podrá conocer con el paso de los días.

El mismo día de la elección, desde Estados Unidos llegó la noticia, servida por el periodista Jonathan Blitzer de The New Yorker, sobre cómo fue la visita que Dina Ochoa hizo a la Casa Blanca cuando la llevó Enrique Degenhart para que los asesores de Trump, Mauricio Claver-Carone y Stephen Miller la pusieran en cintura y ella se comprometiera a conseguir, como finalmente lo hizo, dos votos más para allanar el camino a la conversión de Guatemala en ese Tercer País Seguro que tanto ansiaba y necesitaba Trump. El relato periodístico deja ver el papel sumiso e indigno que jugó la Magistrada de la CC.

Por supuesto que la revelación no hizo ni roncha a la nuevamente candidata a magistrada sino que, por el contrario, confirmó sus “cualidades y habilidades”, lo que hizo que sus electores, integrantes del ya célebre y tenebroso Pacto, se sintieran hasta más cómodos al momento de emitir su voto por ella porque tenían pruebas irrefutables a la vista de su disposición a servir aún pasando sobre lo que establece nuestra Constitución.

El primer acto, pues, se ha saldado con la única novedad del cambio de Silvia Valdés por Luis Rosales, con lo que los grupos en busca de impunidad sienten haber dado un buen primer paso.

Editorial

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