Los coronavirus copian su material genético de una manera que induce inherentemente mutaciones aleatorias. Si estas mutaciones promueven la supervivencia del virus en personas vacunadas, podría significar un desastre para la estrategia de inmunización actual. Foto la hora: AP

Alfonso Mata

Hipótesis sobre inmunosuprimidos

Se desconoce su número en el mundo, hablamos de pacientes con VIH mal manejados, pero vuelven a la palestra del mundo médico luego del lanzamiento de la hipótesis sobre la variante del SARCoV-2 denominada «sudafricana». Como Sudáfrica es uno de los países más afectados por el virus del sida, es posible que la variante surgiera después de la infección de un paciente VIH positivo inmunodeprimido y se está sugiriendo que el proceso que pudo haber ocurrido fue que: “Sabemos que cuando un virus se instala en una persona inmunodeprimida, tarda más en ser eliminado. De repente permanecerá en el organismo durante mucho tiempo, efectuando una gran cantidad de ciclos. En cada ciclo, habrá nuevos mutantes. Y en algunos casos, además de mutaciones, podemos generar una variante que es más contagiosa». Tremenda equivocación lanzar afirmaciones tales sin pruebas, pues generan no sol malas interpretaciones sino estigmas y discriminación.

Riesgo de variantes que pueden evadir la inmunidad inducida por vacunas

Recientemente se han identificado varias variantes nuevas de SARS-CoV-2. Los coronavirus copian su material genético de una manera que induce inherentemente mutaciones aleatorias. Si estas mutaciones promueven la supervivencia del virus en personas vacunadas, podría significar un desastre para la estrategia de inmunización actual.

Aunque el riesgo de mutaciones que pueden evadir la inmunidad inducida por la vacuna no puede cuantificarse con precisión, los expertos anidan el temor de que la forma en que se está implementando las vacunas COVID-19 probablemente aumentará la posibilidad de que esto ocurra por al menos dos razones.

En primer lugar, las vacunas actuales confieren una inmunidad estrechamente enfocada que se dirige a una única proteína de pico viral. Eso significa que el SARS-CoV-2 solo necesita mutar una proteína para evadir la inmunidad inducida por la vacuna. En contraste, sería más difícil para el virus si tuviera que mutar varias proteínas para volverse inmunoevasivo.

En segundo lugar, el programa de vacunación se está implementando de manera fragmentada. Esta lenta expansión de la inmunidad, estrechamente focalizada a solo unas personas que están rodeadas de otras que no son inmunes, proporciona el tiempo y el contacto con una «población reservorio» que un virus necesitaría para generar variantes aleatorias que puedan probar su potencial para infectar a las personas vacunadas.

Si surge una variante viral que ha alterado su proteína de pico lo suficiente como para evitar la inmunidad inducida por la vacuna, la implementación de la vacuna podría fallar. Si esto sucede, es posible que las vacunas deban rediseñarse para expresar una nueva versión de la proteína de pico, preferiblemente con otras proteínas agregadas para ampliar la inmunidad.

Es importante destacar que la adquisición de inmunidad natural que se dirige a múltiples componentes del virus, puede reducir el riesgo de reinfección con variantes que pueden eludir la inmunidad específica de proteína de pico.

Regímenes de vacuna COVID-19 no probados

Debido a problemas logísticos de despliegue de las vacunas de dos dosis y con el objetivo de maximizar la cantidad y la rapidez con que las personas pueden ser vacunadas de dosis única, la combinación de vacunas de diferentes fabricantes, y los regímenes que alteran los intervalos entre las dosis están siendo considerados. Por consiguiente es de tener en cuenta que la eficacia de las vacunas solo se mantiene a partir de una o dos semanas después de la segunda inyección y con el intervalo y la dosis recomendados. No se puede garantizar el rendimiento de las vacunas si se administran de manera diferente a la forma en que obtuvieron la aprobación regulatoria. De hecho, se informó que los resultados de un régimen de dosis única con la vacuna Pfizer en Israel fueron decepcionantes, aunque esto se está debatiendo.

De igual forma, la magnitud y / o la calidad general de las respuestas inmunitarias podrían verse comprometidas, al alargar el intervalo entre las dos dosis. En resumen: no se debe tolerar las desviaciones en los protocolos, a menos que estén respaldadas por datos de ensayos clínicos.

¿Inmunidad colectiva sin éxito en la vacunación?

¿Se puede lograr la inmunidad colectiva si las vacunas COVID-19 tienen un rendimiento inferior? Respuesta correcta: ¡Probablemente! La creciente evidencia sugiere que la mayoría de las personas que han sido infectadas con SARS-CoV-2 han adquirido una inmunidad naturalmente que puede protegerlas de una reinfección. De hecho, tenemos datos de duración mucho más largos para la inmunidad adquirida naturalmente que para la inmunidad inducida por vacuna contra el SARS-CoV-2. Incluso hay ligera evidencia de que la inmunidad preexistente contra otros coronavirus, incluidos a los que simplemente causan resfriados, puede proteger de forma cruzada a algunas personas contra el SARS-CoV-2. Esto no es sorprendente porque para eso está diseñado nuestro sistema inmunológico. Todas estas personas contribuirán a la adquisición de la inmunidad colectiva.

¿Pueden las pruebas de anticuerpos decirnos quién es inmune al COVID-19?

Al comienzo de la pandemia, la mayoría de los gobiernos decidieron no usar la inmunidad adquirida naturalmente como una forma principal de lograr la inmunidad colectiva, para dar tiempo a los hospitales para tratar enfermedades graves. Sin embargo, un año después de la pandemia, una gran pregunta sin respuesta es: ¿qué tan cerca / lejos estamos de la inmunidad de grupo natural?

En primer lugar sabe esto se vuelve imposible sin un buen sistema de rastreo de esto. Un punto de partida serían las pruebas exhaustivas de anticuerpos. Si alguien tiene anticuerpos en la sangre contra el SARS-CoV-2, entonces se infectó en algún momento. Si esto se hubiera combinado con la detección directa del SARS-CoV-2 que se realiza en los centros de pruebas, podríamos haber tenido un enorme conjunto de datos a mano. Pero no tenemos ni lo uno ni lo otro. Se ha visto que la inmunidad natural adquirida por un número cada vez mayor de personas significa que menos personas requieren vacunación para alcanzar la inmunidad colectiva. Como beneficio adicional, la inmunidad natural también equivale a una inmunidad más amplia; estas personas deberían ser menos susceptibles a la reinfección si surge una variante inmuno evasiva del SARS-CoV-2.

En algunos países se ha iniciado estudios a gran escala para realizar pruebas de anticuerpos entre su población seleccionados al azar. Los datos de estos estudios podrían usarse para estimar cuánta inmunidad natural existe en la población general. Sin embargo, buscar solo anticuerpos circulantes contra el SARS-CoV-2 probablemente subestime la inmunidad. Estos a menudo desaparecerán, pero las células B de memoria que los producen suelen ser de larga duración y pueden conferir protección e igualmente estudios de IgA secretora en mucosas.

Lo que si resulta indiscutible es que debemos montar el escenario de vacunación de forma adecuada y el público debe estar consciente que utilizar una vacuna significa desencadenar una fuerte respuesta inmune y es por eso que nos debemos vacunar. Cuando hemos montado esta fuerte respuesta inmune, es mucho más difícil para el virus sortear la barrera para causar otra vez mal.

No es cosa de jugar trocitos

El Sistema Global de Vigilancia y Respuesta a la Influenza (GISRS) es una red de 158 instituciones que monitorean la propagación y evolución de la influenza durante todo el año. Incluye seis centros colaboradores de la OMS y centros nacionales de influenza (NICs) de 126 países, áreas y territorios. Funciona como un mecanismo mundial de vigilancia, preparación y respuesta para la influenza estacional, pandémica y zoonótica, y una alerta mundial para los nuevos virus de la influenza y otros patógenos respiratorios.

Cada año, se analizan más de 3,5 millones de muestras respiratorias para detectar la influenza con estándares y calidad garantizados. Estas muestras se obtienen de pacientes que se presentan en hospitales centinela y entornos de atención primaria con enfermedades similares a la influenza (ETI) e infecciones respiratorias agudas graves (IRAG). Cada año se secuencian más de 10,000 virus de influenza representativos y los datos de la secuencia genética se comparten a través de la Iniciativa mundial para compartir datos de influenza aviar (GISAID). Los países también suelen compartir alrededor de 40,000 muestras de influenza durante todo el año con los centros colaboradores de la OMS, de los cuales alrededor de una cuarta parte se someten a una caracterización detallada del virus. https://www.who.int/publications/m/item/weekly-epidemiological-update—16-february-2021

Diario La Hora
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