Popol Wuj

El ministerio de Cultura y Deportes declaró el Popol Vuj Patrimonio Cultural Intangible de la Nación. Aquí presentamos fragmentos de la versión poética del Doctor San Colop, publicada por la editorial Cholsamaj. Luis Enrique Sam Colop, K’iche’, (1955-2011), nació en Cantel, Quetzaltenango. Abogado y notario, egresado de la Universidad Rafael Landívar, contó con un doctorado por la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo, donde escribió la disertación Maya Poetics.

No había movimiento,
nada ocurría en el Cielo.
No había nada que estuviera levantado
Sólo agua reposada,
sólo el mar apacible,
sólo reposaba la soledad.
Y es que no había nada todavía,
sólo había quietud
y sosiego en la oscuridad
en la noche.

***

Cayó una gran trementina del Cielo,
vino el Escarbador como se llama al que les escarbó los ojos
vinieron los murciélagos decapitadores que les cortaban sus cabezas,
vino el jaguar masticador que comió sus carnes,
vino el jaguar batidor que revolvió
desparramó sus huesos
sus nervios.

***

Soy su Sol y
soy su claridad;
ellos además a mí es al que miran.
¡Que así sea!
Es grande mi esplendor
soy camino y
andar seguro para la gente porque de plata son mis ojos que brillan
cual piedras preciosas
cual gemas verdes.

***

Ustedes ocúpense de tocar flauta
ocúpense del canto;
continúen escribiendo
continúen esculpiendo.
Mantengan el calor del hogar
Alegren el corazón de su abuela.

***
Retoñaron las matas de maíz,
luego se secaron.
Esto ocurrió cuando se quemaron en la hoguera.
Cuando volvieron a retoñar esas matas,
su abuela efectuó una ceremonia:
quemó copal ante las cañas,
esto, en memoria de sus nietos.
Se contentó el corazón de su abuela que por segunda ver retoñaran las cañas.
De ahí que fueran deificadas por su abuela,
y fue cuando las nombró: En medio de la casa,
En medio de la cosecha,
Cañas vivas,
Lecho de tierra; fueron los nombres
que llegaron a tener.

***

No dormían,
ni tenían descanso.
Había una gran ansiedad en sus corazones,
en sus vientres por la aurora.
Encima de eso, sintieron vergüenza,
los embargó una gran tristeza,
Una gran angustia porque el sufrimiento los abrumaba.
Así se encontraban.
—No es un lugar agradable a donde hemos venido.
¡Ay! Si tan sólo pudiéramos ver el nacimiento del sol.
¿Qué hemos hecho?
Éramos iguales en nuestra patria,
y nosotros la abandonamos, decían, cuando hablaban entre sí,
en medio de la tristeza,
en medio de la pesadumbre y
en medio del llanto, cuando hablaron.
Sus corazones estaban desesperados por ver el amanecer.

***

Que sea buena la existencia de los que te dan sustento,
de los que proveen en tu boca y
en tu presencia.

Selección de textos. Roberto Cifuentes Escobar

Diario La Hora
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