Perturbadora orden del Papa Francisco

Oscar Clemente Marroquín

ocmarroq@lahora.com.gt

28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.

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Oscar Clemente Marroquín
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En la crisis de Nicaragua el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, ha jugado un papel de primer orden porque ha sido la voz de las víctimas de la represión brutal realizada por el régimen de Ortega y que se traduce en más de 300 personas muertas. Dentro del esfuerzo de la oposición la Conferencia Episcopal ha sido una de las voces más claras y contundentes y entre ellos el obispo Báez ha sido el más enérgico a la hora de condenar el proceder de quienes se han convertido en un poder dictatorial en ese país.

El Vaticano está operando como “mediador”, junto a la OEA, en la crisis política de Nicaragua y es en ese contexto, y con el Nuncio Waldemar Stanislaw Sommertag presidiendo el “diálogo”, que el Pontífice hace un llamado fraternal al Obispo para que se traslade a Roma a “trabajar cerca de él”, según lo que el mismo prelado informó a la feligresía de la Arquidiócesis de Managua. La Conferencia Episcopal fue expulsada de la mesa de diálogo y pocos días después de esa decisión del régimen de Ortega viene el extraño llamado que hace el Papa Francisco a monseñor para que salga de su país y deje de ser esa voz molesta que ha sido tan persistente que hasta se ha ganado advertencias de que su vida corre peligro.

Preocupa que el Papa Francisco, quien tan contundente ha sido en el papel comprometido que tienen que jugar los sacerdotes y miembros de la jerarquía eclesiástica, decida acallar a uno de los obispos más claros en la defensa no sólo de la democracia sino de los derechos humanos que han sido pisoteados por la brutalidad del régimen al reprimir las manifestaciones de la fuerza opositora. Sin duda ocurre que su fuente de información sobre lo que ocurre en ese país centroamericano proviene de la Secretaría de Estado a la que pertenecen los Nuncios Apostólicos de todo el mundo. El de Nicaragua ha sido fuertemente criticado en ese país por su extraordinaria cercanía con Ortega y con Murillo, al punto de que se le considera un poderoso aliado del régimen.

En Guatemala hemos visto el papel del Nuncio y la indiferencia del Vaticano ante los señalamientos que se han hecho por esa especie de maridaje que existe entre el enviado papal y los más prominentes dirigentes del Pacto de Corruptos, lo que hace pensar que en medio de tantas ocupaciones y preocupaciones del Pontífice, no le queda tiempo para reparar en el comportamiento de sus Nuncios y cree que ellos son tan infalibles como el Papa a quien representan.

El Vaticano siempre ha hecho política y lo que ahora hace en Nicaragua no puede ser sorpresa, pero el papel de mediación se ve muy debilitado si parte de ese ejercicio es silenciar a voces opositoras que, concretamente, protestan por la violencia que ha provocado tantas muertes en el país.

Y hay que decir que el Dogma de la Infalibilidad del Papa se aplica para cuestiones de fe, pero nunca para las acciones políticas, como la mediación, que pueda realizar el Pontífice representado por sus Nuncios.