Oscar Clemente Marroquín

ocmarroq@lahora.com.gt

28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.

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El año pasado la aprobación de un presupuesto claramente orientado a alimentar la corrupción se convirtió en la gota que derramó el vaso al colmar la paciencia de la gente que manifestó su repudio hasta que las fuerzas de seguridad recurrieron a la vieja práctica de reprimir a los manifestantes, después de la misteriosa aparición de un fuego en el Congreso de la República que se prendió para culpar a quienes participaban en la jornada de protestas. Por supuesto, vale decir, que las investigaciones sobre ese fuego duermen el sueño de los justos en el Ministerio Público.

Ayer se inauguró oficialmente el ejercicio llamado Presupuesto Abierto 2022 que, en teoría, deberá facilitar la discusión pública de las políticas de gestión del gasto estatal y Giammattei advirtió que no aprobar un presupuesto para el año que viene, en medio de la pandemia, sería un gravísimo error. Y eso es absolutamente cierto porque es obvio que viviendo la pandemia se requiere de planes de inversión y de funcionamiento que respondan a las necesidades del momento que seguirán siendo, como hoy, la necesaria atención al tema de la salud de la población. Sin embargo, es natural que se enciendan las alarmas cuando vemos lo que ocurrió con la vacuna rusa, puesto que si los mismos criterios serán los que dicten la forma en que se ha de disponer del dinero público, la verdad estamos fritos.

El presupuesto siempre es reflejo de la política del régimen, porque es precisamente la orientación del gasto público lo que perfila las prioridades de quienes están al frente de la Administración. Y si la política del régimen es alentar la corrupción mediante alianzas oscuras que no sólo pretenden repartirse los fondos del Estado sino asegurarse impunidad, por supuesto que por “abierto” que pueda ser el presupuesto siempre generará suspicacias que luego se ven confirmadas en asuntos como el famoso listado geográfico de obras que es una forma perversa de repartirse el pastel entre autoridades y contratistas debidamente apalabrados.

En esas condiciones es natural que deba existir escrutinio público de lo que se está disponiendo como política de gasto y de inversión porque finalmente es en los rubros que se vayan aprobando donde está la mera raíz de lo que se han de embolsar los que participan sin ningún recato en el saqueo de las arcas públicas.

Y conociendo la postura del gobierno en el manejo de la pandemia, en temas como las pruebas falsas que compraron para detectar el Covid y, no digamos, con el negocio de las vacunas realizado al amparo de una confidencialidad que apesta a podredumbre, por supuesto que no se puede uno hacer ilusiones en el sentido de que ahora van a priorizar realmente la salud pública y no el sucio negocio.

El discurso para promover el futuro presupuesto bajo el concepto de que por ser llamado “Abierto” ya se vuelve transparente no será aceptado ni siquiera por los más ingenuos, cosa que evidentemente no llega a entender Giammattei quien sigue convencido de que sus discursos son categóricos y convincentes.

Los hechos dicen más que mil palabras y mientras siga encubriéndose el negocio de la vacuna rusa, no creo que haya nadie que crea en esa figura de un presupuesto abierto.

Oscar Clemente Marroquín
28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.
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