Pedro Pablo Marroquín

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Esposo, papá, abogado y periodista. ¡Si usted siempre ha querido un mejor país, este es su momento de actuar!

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Pedro Pablo Marroquín Pérez
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@ppmp82

Sí, es cierto que hasta algunos de los países más desarrollados han visto sus sistemas de salud seriamente comprometidos y que la rápida propagación del COVID-19 hace que las cosas sean muchos más complicadas.

La pandemia se ha tornado muy difícil para el mundo porque además de los efectos en salud, la enfermedad trae consecuencias sanitarias, pero además económicas y sociales que nos demandan lo mejor porque la película que estamos viendo, y la que falta por venir, demandará del esfuerzo de todos.

Pero también debemos reconocer con humildad, que el deterioro y el abandono del Sistema de Salud nacional tiene grandes responsables, sin duda, pero que los ciudadanos hemos jugado un rol que ha permitido que las cosas llegasen a los niveles que hoy nos generan tanta preocupación.

Todas esas veces que la indiferencia nos embargó o peor aún, cuando sabiendo de lo que ocurría decidimos voltear a ver a otro lado, nos convertimos en facilitadores para que los que se interesaron en el Sistema de Salud pero para hacer negocios millonarios, tuvieran el camino abierto.

Las autoridades actuales no son culpables de lo que por años hemos construido, eso está claro. Los aplausos del principio entusiasmaron al Presidente y al Gobierno al punto que no escucharon por un buen tiempo y por eso, sumando a que se enfrenta la pandemia con un aparato que no sabe ejecutar si no hay sobra de por medio, las cosas se complicaron exponencialmente.

El hospital del Parque pasó de ser un hospital para atender a 3 mil pacientes (así lo ofreció el Presidente), con el Intensivo más moderno y mejor equipado de Centroamérica, a ser un foco de problemas para el Gobierno que lo ha obligado a movilizarse para intentar resolver los temas con el personal que no ha dejado de batallar por los pacientes. Pero en resumen, las complicaciones de un sistema que fue diseñado y perfeccionado para el negocio, son una camisa de fuerza para cuando se necesita ejecutar en bien del país y su gente.

Ahora ya casi nada es aplauso y han hecho bien en ceder el espacio para que el doctor Edwin Asturias asuma el rol de orquestador de las instituciones de salud, pero le han dado tarde la pelota. Aún si se la hubieran dado antes ya era difícil, no digamos 2.5 meses más tarde.

En los días venideros, veremos más capítulos complicados de esta historia (por temas de salud y por temas económicos) y seremos testigos de dramas silenciosos de gente que lleva la cruz a cuestas como la han llevado millones de personas que dejamos atrás mucho antes de la pandemia.

Pero aunque el cielo esté gris y esto no vaya a ser fácil, tenemos la harta obligación de sacar fuerzas de flaqueza para pasar el agua, sabiendo que una vez tengamos más respiro debemos asumir nuestra responsabilidad: si fuimos facilitadores o cómplices silenciosos del abandono y el colapso, tenemos la obligación de ser los responsables del cambio.

Cambio que tomará años sino décadas, pero que nunca se dará si no empezamos asumiendo nuestras responsabilidades, valorando y acompañando los esfuerzos de aquellos que se han animado a dar los pasos correctos.

Y como aún nos faltan días para ver luz al final del túnel con relación a la pandemia, empecemos con que no nos metan gol con la amañada elección de cortes. Es sencillo: quieren seguir manoseando la justicia para que cuando sigan haciendo negocios con la salud a costa de todos, tengan sus peones que les aseguren que los millones mal habidos no traen consecuencias legales.

Sabiendo que la justicia de GT la tienen dominada, por eso les duele tanto que Estados Unidos les quite la visa.

Si dejamos que se llegara hasta aquí, ahora estamos obligados a ser parte del cambio para vivir una realidad que no llore tanta sangre.

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