Jorge Morales Toj

Maya K’iche’, Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Abogado y Notario, con estudios de Maestría y Doctorado en Derecho Constitucional. Pacifista y Defensor de los Derechos Humanos.

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Lic. Jorge Morales Toj

Durante el estado de calamidad pública, han salido a luz una serie de injusticias por incumplimiento del “toque de queda”.

Hace unos días venia en vehículo para mi residencia y con enorme nostalgia pude ver a un vendedor de frutas corriendo a todo pulmón, empujando su pesada y vieja carreta.   Sus frutas casi caían al suelo por los saltos de la carreta.   Su mirada era como las del águila, adelante y atrás, adelante para no tropezar y atrás para ver si no venía alguna patrulla de la policía que seguramente lo conduciría hacia algún juzgado por incumplir el toque de queda.

En redes sociales, circularon imágenes de un campesino con su hija de 5 años que fue capturado con sus productos en una carretera de terracería y metido a la patrulla.  Los llantos y traumas de la niña fueron insuficiente para las fuerzas policiacas para someterlos al sistema de injusticia.

Por otro lado, puede leer el caso de un joven lustrador de Quiché, que estaba muy preocupado en ganarse los 25 quetzales para el pago de su cuarto.  Solo lleva 18 quetzales y fue capturado y “sometido a la justicia”.  En este caso, cabe destacar la  capacidad y  la humanidad con que el  honorable juez resolvió el caso, quien para fundamentar su resolución  dijo:   “algunas y muchas personas que viven en el Estado de Guatemala, no tiene un lugar donde vivir y efectivamente,  con ese acuerdo gubernativo se ven estos problemas y  en estas diligencias y lastimosamente los más afectados son las  personas como el señor Capil Alwa, quien trabaja lustrando zapatos como lo ha manifestado y lastimosamente es de escasos recursos,  por lo tanto,  este juzgador  teniendo también el perfil humano…”.  En el caso, según publicaciones de medios de comunicación, el juez resolvió   la desestimación del caso y ordenó su inmediata libertad, además, giro instrucciones para orientarlo a buscar algún albergue.

Por otro lado, hemos visto a dos “hijos de la patria” en tremenda borrachera, infringiendo el toque de queda. Ambos diputados, al amparo de al maldito derecho a antejuicio, se fueron a sus casas a seguir chupando y gozando de las mieles del poder.   Mientras tanto, el trabajador, el campesino y el lustrador tuvieron que ir ante un juez y resolver su situación jurídica.

Desde el fondo de mi corazón siento profunda impotencia y tristeza por la situación que vivimos en el país y en el mundo, pero siento más frustración por este sistema de justicia injusto.   Me atrevo a decir que ha habido más detenidos por infringir el toque de queda, que más detenidos por corrupción y por la maldita impunidad.

Ojalá existan cientos de jueces   con conciencia social y sobre todo con gran sentido de humanidad y conocimiento de varios principios que deben aplicarse en casos concretos, como el principio de ponderación en el caso de los detenidos más vulnerables y de escasos recursos.   Y para el caso de los diputados, que apliquen   el artículo 161 constitucional, que establece: “Se exceptúa el caso de flagrante delito en que el diputado sindicado deberá ser puesto inmediatamente a disposición de la Junta Directiva o Comisión Permanente del Congreso para los efectos del antejuicio correspondiente”.

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