David Napoleón Barrientos Girón
Después de un largo proceso violento y con miles de víctimas, la democracia lucha por consolidarse, de manera tardía, pero está llegando, otorgándole un papel fundamental a las elecciones; las que exigen una participación política y electoral de características republicanas, que privilegian al ciudadano; hoy en Guatemala se vota más y mejor que hace tres décadas, cuando comenzó la transición a la democracia, antes de finalizar con el enfrentamiento armado; sin embargo, la participación política y electoral ofrece un cuadro complejo:
Algunas innovaciones son controvertidas, pues no siempre abonan para la construcción de un sistema de partidos; se mantienen listados para diputados debiendo ser nominales, entre otros temas, pero lo que más hace frágiles los resultados es la falta de educación de la población, sobre todo en el interior que representa aproximadamente el sesenta y cinco por ciento de los votantes, o sea que si las reglas no son perfectas, es más profundo el tema de la educación, aspecto que es aprovechado por las estructuras partidarias para sorprender a la población. Otro de los aspectos que particularmente influyó en este proceso fueron las reformas a la Ley de Partidos Políticos, hechas con premura, impulso y aprobación sospechosa que no permitieron el desarrollo de un proceso sólido, aspecto que influyó y alimentó el señalamiento de la existencia de un Tribunal Supremo Electoral poco confiable, o sea el proceso no está exento de sombras, que evidencian la fragilidad del sistema; la compra del voto y el clientelismo constituyen un asunto recurrente, sobre todo en las áreas alejadas de la ciudad, que coincide con las mayores concentraciones de analfabetismo y pobreza.
Al final de este proceso vemos a una población con un alto grado de polarización social, pero en fin es mejor una polarización social que se zanje a través de un proceso electoral que en un enfrentamiento armado interno, por eso la necesidad de perfeccionar el sistema; de no hacerlo, se propicia un debilitamiento del sistema electoral y da lugar a otro tipo de soluciones incluso con uso de violencia. Luego de este proceso ojalá los cambios sean con el debido tiempo.
La primera vuelta ha pasado, viene la segunda vuelta, pero ninguna de ellas resuelven los principales problemas de país, quienes integramos la sociedad guatemalteca; todos, vemos la paja en el ojo ajeno, y no vemos la viga que tenemos en nuestros ojos, abanderamos luchas en contra de nosotros mismos y cerramos filas para señalar con ese dedo acusador, lo que no vemos es que el resto de los dedos nos señalan a nosotros mismos: corporaciones, sectores, gremios, grupos de interés, de nivel económico, de grupo laboral, educativo, identificación ideológica, etc. La polarización de la sociedad se ha incrementado e intensificado, como consecuencia de esto, las voces moderadas han perdido poder de influencia, todos criticamos la polarización, quisiéramos que terminara; pero eso sí, debiendo prevalecer nuestros caprichos y claro nuestras agendas, que no siempre están basadas en valores y normas, solamente en objetivos acordados para un supuesto bien del grupo.