El miércoles, frente a los vendedores de mercados que movilizó Tu Muni en apoyo al Presidente, Morales lanzó todas sus baterías contra el Procurador de los Derechos Humanos con una serie de epítetos que demuestran que no entiende el concepto mismo de lo que son esos derechos y de cómo los tiene que proteger el Magistrado de Conciencia. Horas después se presentaba en el Congreso un legajo de firmas supuestamente recolectadas para pedir la destitución de Jordán Rodas de ese cargo.

Evidentemente el PDH quedó entre ceja y ceja del gobernante luego de haber accionado para, mediante un amparo, impedir la expulsión del país del comisionado Iván Velásquez y, desde entonces, es visto no sólo mal sino con enorme desprecio por quienes integran el Pacto de Corruptos que está ahora librando sus últimas batallas promoviendo divisiones y buscando alianzas con sectores que también pueden sentir como amenaza personal la lucha contra la corrupción y, de esa cuenta, ha logrado reclutar a algunos alcaldes para que también ellos envíen en buses a manifestantes para respaldar al gobierno en su empeño de aniquilar el trabajo de CICIG y MP.

Ya en el Congreso los diputados Alejos y Hernández Azmitia han dicho que intentarán nuevamente remover al licenciado Jordán Rodas del cargo de Procurador de los Derechos Humanos, advirtiendo que tienen ya 85 votos que respaldan la iniciativa. Pasan por alto que la ley exige que haya causa justificada para permitir tal remoción, pero entre las causas que revivirán está la de la famosa procesión frente a la cual quedó el Procurador cuando fue a manifestar por las víctimas del llamado Hogar Seguro.

Lo que estamos viendo es la forma en que procede la Dictadura de la Corrupción que, como toda dictadura, se pasa la legalidad por el arco del triunfo y reprime a los ciudadanos que no están de acuerdo con el imperio de esa forma nefasta de gobierno que se nutre cabalmente de los miedos que anidan en tanta gente que ha sido usufructuaria durante muchos años de los frutos de la podredumbre y falta de transparencia.

Si alguien tenía duda de que estamos bajo una forma nefasta de dictadura, basta ver la forma en que operan los poderes del Estado en contra de la legalidad para terminar de entender no sólo la composición de las fuerzas, sino también la determinación que tienen de arremeter contra todo y contra todos los que puedan convertirse en obstáculo para perpetuar el modelo podrido que tan altos réditos ofrece para quienes carecen de ética y decencia.

Artículo anteriorPoniendo toda la carne al asador
Artículo siguienteHamburgo y Wolfsburgo caen y se jugarán permanencia en última jornada