Sandra Xinico Batz
sxinicobatz@gmail.com

Parece como si fuera un cuento, que en un país de extrema pobreza como Guatemala (el cuarto más desigual en Latinoamérica), sus funcionarios mueran en lugares exclusivos mientras juegan al golf, sean sepultados en fincas y en ciudades coloniales emblemáticas como La Antigua Guatemala; pero no es la realidad y el simbolismo que se desarrolla cuando un criollo muere en una sociedad colonial; es fundamental para mantener en las mentes de sus subordinados la imagen del poder y del poderoso, que hemos aprendido a admirar por el racismo y colonialismo que nos carcomen.

Por esto había que pasear a Arzú antes de enterrarlo, porque encarnó en la contemporaneidad el legado del criollo. “Él es un símbolo de que las cosas se pueden hacer bien”, decía su hijo (el ahora Presidente del Congreso de la República) mientras se homenajeaba a su padre en la que fue su segunda casa, la Municipalidad de Guatemala, o al menos así lo hicieron ver y así es como se tomó el mensaje por cientos de personas que acompañaron el féretro y que decían sentir la ausencia de Arzú.

Al sepelio del patrón de la finca no entraron todos. Los pobretones y sirvientes no fueron invitados, pero no hizo falta, porque de todas formas allí estaban intentando entrar, aunque no fueran bienvenidos y cayeran mal. Fueron los mismos empobrecidos por Arzú (en ascendencia y descendencia) quienes estuvieron dispuestos a disfrazarse para “simular” un entierro colonial, fueron quienes jalaron la carreta y hasta le echaron pom (incienso).

De eso se trata el colonialismo, del sometido buscando la aceptación de quien lo somete, como tratando siempre de complacerle, de caerle bien a quien le explota, de parecerse, aunque sea un poco a él porque quizá de esta forma algo de su poder se le transmita, como pensando que juntándose con ellos será igual en poder y estatus, lo cual nunca será así, pero así es como quieren pensar los colonizados.

Ya el lugar del criollo en la alcaldía fue heredado, no a un cualquiera sino a alguien de su red familiar, como era de esperarse, a su sobrino político. Catorce años tuvieron que pasar para que nada cambiara. La muerte de Arzú ejemplifica el funcionar de este sistema, que aún se basa en la sangre, en su pureza y proveniencia.

Es una falacia pensar que si un pobre se esfuerza puede dejar de ser pobre. Por esto no hay que olvidar que “…al ser conquistados, los indios perdieron sus territorios y hasta su libertad individual, convirtiéndose, a través de la conquista, en patrimonio de los conquistadores y de sus descendientes. Por esto la patria del criollo no es en modo alguno la patria del indio. El indio es un elemento de la patria del criollo, una parte del patrimonio que estaba en disputa con España. Lo cual no tiene nada de extraño, porque, en la Historia del mundo, nunca fueron compatriotas el esclavo y su amo, ni el siervo y su señor”. (Martínez Peláez, La patria del criollo).

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