Estuardo Gamalero

“Puedes ignorar la realidad, pero no puedes ignorar las consecuencias de ignorar la realidad”
Ayn Rand

Uno de los problemas más importantes que tenemos como sociedad, es lo propensos que somos individual y colectivamente, a sufrir las consecuencias de identificar mal o tarde, algo que consideramos un problema. Sin embargo, lo importante no radica necesariamente en la identificación del problema en sí mismo, sino más bien, en las raíces y causas del problema, así como en la falta de análisis de las mismas y la emotividad que muchas veces nos ciega.

El diagrama de Ishikawa, es una herramienta que representa la relación entre un efecto (problema) y todas las posibles causas que lo ocasionan. Es denominado Diagrama de Ishikawa o Diagrama de Espina de Pescado por ser parecido al esqueleto de un pescado.

La complicación viene cuando dejamos de hacer el ensayo del “diagrama de Ishikawa” y simplemente hablamos, repetimos, copiamos, retwiteamos y hasta le damos “like” a cosas que no entendemos, simplemente porque “eso suena cool”, nos permite figurar como intelectuales y hay quienes creen que los disfraza de buenos ciudadanos. Pero en el peor de los casos, simplemente constituyen un mecanismo para expresar con resentimiento la frustración que llevamos dentro, sin haber logrado algo positivo para la corregir las causas del problema.

Aunque en este país hay sobrada razón para dudar de todo y al mismo tiempo de nada, me parece increíble la ligereza con que las personas repetimos todo lo que escuchamos como noticia, sin siquiera cuestionar la veracidad de la misma, la credibilidad de quien la genera y las intenciones ocultas o efectos negativos que tiene el replicar ideas que simplemente destruyen y están lejos de construir, fomentar estabilidad, certeza jurídica, trabajo y riqueza.

Lo anterior, fácilmente conduce a emitir opiniones equivocadas, dar gritos inútiles, provocar revoluciones absurdas, aprobar leyes casuísticas y criticar injustamente. Esto nos lleva a que, como sociedad de ciudadanos gobernados, tomemos atajos incorrectos, soluciones inviables y nos prestemos a los chapuces de corto plazo.

A la élite de gobernantes o personas que dan “las órdenes”, les permite un ambiente de manipulación entre los problemas, las causas, los culpables, las víctimas, el mercado, la ley y cualquier cosa que se vea afectado directa o indirectamente por el supuesto problema. A estos últimos, les importa que sus resultados se traduzcan en votos, cuotas de poder, negocios y la destrucción de todo aquello que represente un nivel de oposición. ¡Claro!, la clase pensante y respetuosa de la ley y el orden, es lo menos deseado y un obstáculo para ellos.

El día lunes tuve el gusto de escuchar por radio a dos grandes periodistas, que puedo decir, son altamente objetivos y casi siempre acompañan el análisis de los temas, con alguna reflexión profunda y fundamentada. Me refiero a Juan Carlos Sandoval y José Eduardo Valdizán, quienes cuestionaban esos intentos de corregir un problema, sin profundizar en las causas de los mismos. Citaron ejemplos como: “las pajillas y bolsas de plástico que contaminan los ríos” y “las armas o las balas que matan personas”.

El enfoque que dieron al tema, era que no son las pajillas, ni las bolsas, ni las armas el problema, sino, las personas que las tiran en los ríos, o quienes las utilizan para cometer delitos. En el fondo, es una crisis de falta de educación, ausencia de sentido común y carencia de principios morales.

Ciertamente es más fácil convencer a los ignorantes, que son las bolsas las que matan a los peces, o el excremento que fluye en los ríos lo que contamina, a decirle a las personas inmundas que no tiren la basura ni la cochinada en donde no se debe hacer. Lo primero crea seguidores que se traducen en votantes y lo segundo en personas regañadas que prefieren echarle la culpa de los problemas a alguien o algo más.

La cosa se complica cuando nos damos cuenta que hay personas y colectivos (en todo ámbito), que viven y lucran de la tergiversación de los hechos, de la historia y del enfoque de los problemas. Muchos politiqueros generan sus agendas, sobre la base de exagerar problemas y venderle a la población la falsa idea, que dichos problemas se corrigen con las leyes que “ellos” pueden aprobar. Por su puesto, también están aquellos que provocaron o constituyen la causa del problema, pero que se esconden en mentiras, favores y miedos, pretendiendo borrar la historia, como si eso desvaneciere las nefastas situaciones que provocaron.

Pero tal vez, los que más deben preocuparnos, son aquellos que, con argucia de una supuesta evolución social y el acompañamiento del poder coercitivo del Estado, generan nuevas definiciones de los conceptos sociales, jurídicos y políticos, alteran el rol de las instituciones de la Republica, de los valores morales y hasta de la religión.

Tengamos cuidado de no caer en la tentación de replicar o repetir problemas y patrones, sin antes cuestionar las causas reales de los mismos. Seamos ciudadanos responsables y antes de actuar, decir o replicar, procuremos analizar los efectos de nuestros actos, nuestras palabras, nuestra apatía, nuestras mentiras y nuestro ego.

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