Juan Antonio Mazariegos G.

El, hasta esta semana, presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski (PPK) renunció a la Presidencia de ese país, un día antes de ser sometido a un procedimiento de vacancia (destitución) que el Congreso del País andino preparaba en su contra por los supuestos sobornos que habrían recibido empresas ligadas a PPK por la compañía Brasileña Odebrecht y la aparición de unos videos en donde Kenji Fujimori, hermano de Keiko habría ofrecido sobornos y contratos a varios diputados para que en el primer proceso de destitución, el Presidente conservara el cargo, a cambio del posterior indulto a su padre Alberto Fujimori.

De conformidad con la mayoría de analistas y medios de prensa, PPK inevitablemente sería destituido en el juicio político preparado, y este no hizo más que adelantarse al presentar su renuncia. Desconozco si la razón de las acusaciones existía y si PPK se encuentra ligado o no a los hechos por acción u omisión, solo quisiera reflexionar sobre la situación vivida en Perú y por PPK, y sobre aquellos elementos comunes a ambos países y que de alguna manera, a pesar de la distancia, se percibe que incidieron en la crisis peruana y pueden hacer mella también en Guatemala.

El populismo es un peligro real y latente para la democracia. Se llamé Keiko, Nicolás, Donald, Vladimir o Manuel, las ofertas y propuestas que presentan los candidatos populistas tienen eco porque la educación, la economía y el desarrollo no se extienden a todos los ciudadanos de un estado. En tanto eso no suceda, cualquiera que no tenga nada que perder se subirá al barco de quien más le ofrezca, aunque no tenga ningún sentido lo que proponga para lograrlo.

Debemos aprender y enseñar a votar, no por un partido o un cacique, sino con inteligencia, administrando nuestro voto en distintas opciones de partidos para los distintos cargos que se presentan a elección, lo cual haga viable el sistema de pesos y contrapesos que está establecido en nuestra Constitución.

Debe de prohibirse y penarse el financiamiento electoral anónimo, al igual que aquel que provenga de actos ilícitos o de cualquier persona, empresa o grupo que tenga intereses con el Estado. Los partidos políticos bajo pena de cancelación y persecución penal en contra de su comité ejecutivo en pleno, como órgano colegiado, debe ser responsables por cualquier acción u omisión en ese sentido.

Los partidos políticos como instituciones públicas deben de contar con contabilidades abiertas digitalmente para que cualquiera pueda revisar o cuestionar quién o quiénes aportan y cuánto a cualquier campaña, debiendo el Tribunal Supremo Electoral contar con terminales remotas que reciban en tiempo real el reporte de cualquier aporte o gasto que se realice. Ningún medio que difunda su publicidad o proveedor de cualquier naturaleza puede dejar de informar sobre los montos por los cuales ha sido contratado, bajo pena de obstrucción a la actividad fiscalizadora electoral, para lo cual deberá de crearse el delito correspondiente.

Debemos de dejar de ser egoístas y ofrecer nuestro tiempo y esfuerzo para opinar, participar y exigir, de cualquier otra forma los que ya viven de la política y del estado continuarán manejando al país, nuestro destino y continuaremos viviendo dentro del refrán que dice que todo pueblo tiene el gobierno que se merece.

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