Eduardo Blandón

En la edición de ayer del «Corriere della Sera», salió publicado un largo artículo titulado «I pentiti (tardivi) della Silicon Valley», donde se recoge las expresiones de arrepentimiento de algunos de los más prominentes cerebros del universo digital por el descalabro que, según ellos, han ocasionado las redes sociales en perjuicio de la salud mental de la población atrapada en las aplicaciones.

El tema no es nuevo y hasta parece un tópico del pensamiento crítico contemporáneo.  Se pueden citar, solo a manera de ejemplo inmediato, dos obras, una de Nicholas Carr, «Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?»  y otra de Adam Alter, «Irresistible: The Rise of Addictive Techonology and the Business of Keeping Us Hooked».  Dos libros que demuestran de pasada la preocupación de algunos por los efectos de las redes.

Lo original del artículo del diario italiano consiste en dar voz a algunos arquitectos de esas redes sociales que efectivamente parecen «pentiti» (arrepentidos) por haber sido parte de la creación de una especie de Leviatán global. Repasemos las citas para considerar las razones y revisar los criterios.

El primero de los citados es Antonio García Martínez que confiesa haber trabajado para Facebook con el encargo de hacer dinero con el único límite de lo estrictamente legal.  García dice sentirse arrepentido por la capacidad de las redes sociales para identificar (al servicio del mercado) a los más vulnerables «ya sean tristes, estresados, deprimidos, inseguros y derrotados».

Chamath Palihapitiya, exvicepresidente de Facebook para el crecimiento de los usuarios, dijo sentirse «tremendamente culpable» por haber desarrollado las tecnologías que «destruyen el tejido social».  Quiero decir, afirma, que «hemos creado un sistema de feedback alimentado por la dopamina que destruye el funcionamiento de la sociedad. Nada de discurso cívico ni cooperación.  Todo desinformación y distorsión de la realidad».

El jefe de investigación de Facebook, David Ginsberg y otra colaboradora (también estudiosa), Moira Burke, reconocieron recientemente el daño de las redes sociales.  Según ellos, pasar mucho tiempo conectados en las redes hace mal.  Más aún, matizan, si el uso que se hace de esos instrumentos es pasivo.

Como puede ver, el avispero está alborotado y muchos se sienten facultados en llamar la atención sobre los peligros a los que están expuestos los jóvenes y la sociedad en general.  Sin llegar a la actitud «neoludita» con sus fobias y rechazo visceral a la tecnología, conviene valorar los discursos y poner nuestra barba en remojo.  Algo de razón habrá entre tanta tinta derramada.

Artículo anteriorSaludo de Navidad
Artículo siguienteLlamar a las cosas por su nombre