Siguen las audiencias sobre casos de corrupción que están íntimamente relacionados. Por un lado, se siguen aportando como parte del proceso por Construcción y Corrupción los elementos que prácticamente todos hemos sabido de cómo es que las instituciones del Estado han servido para ser saqueadas por los funcionarios, sus socios y financistas, y todos sabemos que aquí la gran mayoría de los políticos se asocian con la intención de asaltar el poder y apropiarse de cuánto recurso pueda en el tiempo que les dure su gestión disponiendo de los ministerios con mayores recursos para entregar contratos, concesiones, hacerse de plazas y cualquier acción que les rinda beneficios monetarios basados específicamente en métodos ilícitos.
Este proceso escandaloso se puede comparar con los de Cooptación, TCQ, La Línea, Plazas Fantasma y deben sumarse a los eternamente pendientes de Transurbano, Municipalidad de Guatemala, gobierno de Colom-Torres, etc., como ejemplos de quienes se sirvieron del poder para amasar sus millonadas.
Lo triste de Guatemala es que en la misma Torre de Tribunales se llevaba a cabo la presentación de evidencias de parte del MP por el Caso Hogar Seguro Virgen de la Asunción en que perdieron la vida 41 mujeres adolescentes a las que el Estado tenía que darles el cuidado y protección ordenado por una instancia jurisdiccional, caso en el que todas las instituciones quedaron a deber porque la atención al menor y al adolescente, igual que la mayoría de los temas en que el Estado debería funcionar, está totalmente abandonada y hasta se presta para la comisión de delitos contra esos menores de edad a los que se da la orden de proteger.
¿Qué se hubiera hecho con los millones y millones que se van mencionando dentro de la estructura de Sinibaldi para mejorar la atención a estas 41 víctimas y sus compañeras? O ¿cuántos centros de atención con infraestructura y personal adecuado podrían funcionar con el corrupto caso de Transurbano, los fideicomisos y demás descarados negocios de otros gobiernos y alcaldes?
Llora sangre que en Guatemala se nos olviden los fatales vínculos de la corrupción e impunidad con la pobreza, violencia y abandono de aquellos que no tienen nada y que parecen estar condenados a ser siempre los que reciben la maldición de una sociedad que prefiere callar con complicidad en lugar de reaccionar asqueada y harta de tanto pícaro.
Ojalá que hagamos la relación entre unos y otros. Recordemos que cada centavo que esta gente se metió entre la bolsa, fue la pesadilla de algún guatemalteco que, con gran necesidad, ha sido olvidado.