Edgar Villanueva
Esta semana tuve dos gratas experiencias provenientes del actuar de servidores públicos que directa e indirectamente impactaron mi día y el de otros guatemaltecos. Habiendo estado en el servicio público siete años, he visto de todo, desde servidores sobre calificados y eficientes, hasta aquellos que le roban al pueblo sirviéndose de favores y compadrazgos para mantener sus puestos.
La primera experiencia fue en el Ministerio Publico, en la Fiscalía contra el Crimen Organizado, en donde tuve la oportunidad de estar en contacto con un funcionario servicial, eficiente y sobre todo valiente. Platicando con él, tuve la oportunidad de conocer que, muchos de los que trabajan investigando superestructuras criminales, salen a las cinco de la tarde de sus trabajos, y sin protección alguna, se dirigen a sus hogares. Y al día siguiente, se presentan de nuevo a sus labores aligerando el paso en las calles y siempre viendo de reojo.
La segunda experiencia la viví gracias al bendito tráfico de nuestra ciudad. En un semáforo en rojo, un carro de policía se detuvo y bajó del mismo un oficial de la PNC de cierto rango y edad. El Oficial se dirigió a una tienda que está del otro lado de la calle donde un grupo de hombres entre 25 y 35 años toman algunas cervezas “after office” sobre la vía pública sentados en sus motos. El Oficial, acompañado de dos policías más, se dirigió a los muchachos indicándoles que lo que estaban haciendo era ilegal y que además si pensaban irse en sus motos, esto constituía otra ilegalidad por lo que les pedía “de la manera más respetuosa” (palabras literales) se retiraran del lugar o tendría que detenerlos. Acto seguido, les tendió la mano y se despidió amablemente de ellos, uno por uno. Todos dejaron sus cervezas y se retiraron tranquilamente del lugar.
El investigador del MP pudo hacerme regresar tres veces a su oficina, pero no lo hizo, prefirió ir él mismo a sacar las firmas necesarias para que yo me llevara el documento que me urgía para un trámite. De la misma manera, el Oficial de la PNC pudo haber enviado a alguien más a hacer lo que hizo o llegar de manera autoritaria y sacar “a patadas” a quienes infringían la ley que el juró defender. Tanto el investigador del MP, como el Oficial de Policía han ido más allá de lo que comúnmente vemos en nuestras instituciones públicas en donde sobran los “es que fíjese” y los “permítame contarle”.
Son este tipo de funcionarios los que merecen nuestra atención, nuestra energía y nuestros impuestos. Necesitamos más gente que entienda que al servidor público le corresponde servir a la ciudadanía y menos gente que se sirva del servicio para sus intereses personales. Asimismo, necesitamos dignificar al servidor público y proteger a aquellos que arriesgan su vida en el servicio. Pero, sobre todo, necesitamos enfocar nuestros esfuerzos en reconocer, validar y agradecer a aquellos que van más allá del deber.







