Eduardo Blandón
La costumbre con la costumbre se vence.
Thomas De Kempis
Creo que una de las razones por las que los diputados se han animado a asaltar de nuevo el erario público, se debe a la creencia arraigada de que nada malo les puede ocurrir. Acostumbrados a la impunidad, son audaces, se envalentonan y echan a rodar cuanto proyecto macabro en beneficio personal se les viene a la mente. A nada le temen.
Ese coraje es el mismo que animó en su momento a Pérez Molina y a Baldetti Elías. Al punto que en su ficción majadera (recuerde a la vicepresidenta en el lago de Amatitlán vendiendo la idea de la famosa “agua mágica”), se vuelven ridículos. Como que la certeza de su fechoría fuera apodíctica, sin que ni los propios astros pudieran decidir lo contrario.
Por ello, las acciones de la CICIG, con sus falencias, son esperanzadoras al permitir la comprensión de una lógica diversa a la que ya el sistema se había acostumbrado. Situación que ha provocado un terremoto para los protagonistas del mal que no saben cómo interpretar un relato con terminología desconocida: justicia, castigo, ley, orden y honestidad, entre otras categorías.
Con todo, no se ha dicho la última palabra porque la instauración de un orden distinto lleva tiempo. Es necesario desacostumbrar a los altaneros al abuso y echar andar un mecanismo que impida el enriquecimiento ilícito al que están habituados muchos de los políticos y empresarios que se resisten al trabajo honrado. Aún es necesario desarticular muchas bandas de asaltantes de cuello blanco (banqueros, no puedo olvidarme de ellos, entre muchos otros), engolosinados con el dinero obtenido de las arcas del Estado.
Tener en el calabozo al expresidente y a los de la Junta Directiva del IGSS, por ejemplo, es importante porque desarma el esquema de impunidad entre la clase poderosa. Pero no hay que dar tregua, hay que ir tras quienes se ocultan en la sombra y siguen tramando el regreso al reino de la corrupción. Hay una labor qué realizar aún desde la sociedad civil para respaldar a los que valientemente dan la cara para el cambio de rumbo. Ahora es cuando debemos unirnos y continuar lo que ya ha empezado.
Debemos procurar con el tiempo que las iniciativas como las propuestas recientemente por el Congreso de la República en beneficio propio, sean del todo inviables e incluso inconcebibles. Eso solo sucederá cuando haya certeza en la aplicación de la ley y los impostores no se sientan atraídos para ocupar un puesto en el que seguramente no podrán ejercer la trampa. Ya vamos de camino y, con suerte, vamos a ser testigos de algo diferente.







