Gladys Monterroso
licgla@yahoo.es
“Llamémoslo falsa conciencia, fantasía o incluso ideología al viejo estilo, lo cierto es que todos tenemos en la cabeza un texto, en parte oculto, en parte legible, que le da significado a todo lo que hacemos en la vida.” Orhan Pamuk
La izquierda, como ideología a nivel mundial, ejerce una fascinación especial, tanto para los llamados de derecha o centro, así como para intelectuales, comunicadores, artistas y demás representantes de la cultura en general.
Por situaciones de vida, estoy en constante información sobre España, país del que me siento ligada emocionalmente y es impresionante como, Pedro Sánchez, líder de los socialistas, que se identifican históricamente con el centro, al ubicarse en una ideología más de izquierdas, consiguió democráticamente, erigirse como secretario general del PSOE, longevo partido de tradición en ese país, al que una gran mayoría de comunicadores, intelectuales y artistas apoyan en la izquierdadización del partido, lo que llama la atención, atendiendo al contexto que se vive en ese país observando que el partido por naturaleza de derechas, se encuentra rebasado por los innumerables casos de corrupción que se hacen públicos un día sí y otro también, la situación es un caldo de cultivo para el crecimiento del discurso más a la izquierda, no porque no puedan ser acusados de corrupción en algún momento, es porque no lo han sido, aunque hayan gobernado por muchos años.
En Guatemala, también la izquierda tiene un imán muy especial para diferentes estratos de la sociedad, especialmente a la intelectual, sociológicamente es un fenómeno digno de estudio, ya que sin importar el pensamiento, ahí se encuentra la izquierda llamando la atención, probablemente por su discurso más cercano a los más desvalidos, probablemente por cierto romanticismo que les rodea, pero siempre ha estado como llamando la atención, más aún de los más jóvenes.
Cierta hipocresía no generalizada, que rodea al liberalismo, acerca más a los rebeldes por naturaleza entre los que se encuentran los jóvenes, los estudiosos de las ciencias sociales, y una parte de la intelectualidad, acercan más esa idea de la fascinación romántica por la izquierda, que en el país no tiene capacidad de prosperar por la misma estructura del mismo, más sin embargo la misma es necesaria para el fortalecimiento de la democracia.
Si, la izquierda es más necesaria al pensamiento liberal, y a la derecha en sí, para darle legitimidad democrática al primero y a la segunda, una muestra lo constituye la Usac, a la que sin ser eminentemente de izquierdas, se le identifica como tal, ya que dentro de sus pénsum de estudios, en casi todas las carreras existen materias de inclinación social, lo que hace que el estudiante hoy un poco menos que antes, se identifique con las clases más necesitadas, por lo menos teóricamente, baste para reforzar la teoría con estudiar dichos pénsum.
A algunos estudiantes de las universidades privadas, les llama la atención ese grado de rebeldía que se le atribuye al estudiante de la triscentenaria, el que no siempre se cumple, pero si es un pensamiento más social en general.
Esa fascinación cierta o no, que generalmente se atribuye al pensamiento más de izquierdas se ha trasladado al mundo político, en el que posterior a las manifestaciones que debido a los escandalosos casos de corrupción, atribuidos al gobierno eminentemente de derechas del partido patriota, hizo crecer el pensamiento de izquierdas, identificado principalmente por Álvaro Velásquez, a quienes tengo el gusto de conocer, y que ha venido a renovar a la clase política.
La izquierda está ahí, y es necesaria para la democratización de la sociedad, me considero humanista y reconozco la necesidad de que los diferentes representantes del pensamiento crítico debatan sobre las mejores propuestas para la sociedad en general.
La evolución de la democracia, pasa necesariamente en reconocer y aceptar que no necesariamente todos pensemos igual, y más aún que es enriquecedor que no todos lo hagamos, que no hay que menospreciar al que piensa diferente, más aún hay que respetarle, e invitarle a debatir.







