Gladys Monterroso
licgla@yahoo.es
«Donde no hay caridad no puede haber justicia.»
San Agustín
Vivimos una etapa de la historia de la humanidad en la que priva el individualismo en todos los aspectos, veamos un ejemplo: En otra época ir al médico para una revisión rutinaria, era tan aburrido como hoy, pero, se entablaba conversación con alguien, hoy no es así, existe un número x de personas sentadas una junto a la otra, cada quien pendiente de su celular, mientras llega su hora de consulta, sucede en cualquier lugar, hasta en el elevador, hemos llegado de tal forma al individualismo que nos hemos encerrado en nosotros mismos, pero ¿Qué tiene que ver este tema con la caridad? Mucho.
La caridad es asociada a la religión, falso, no necesariamente es así, la caridad se asocia a la bondad, tampoco, a dar limosna, menos, la caridad no tiene relación con la fe ni con la bondad, tiene más que ver con una forma de vida, que va más allá de otros aspectos del ser humano.
En esta época, se le llama filantropía, pero puede llamar a engaño, los filántropos, hacen el bien en forma general, pero tras su acción positiva existe una marca, que de alguna forma se beneficia, semeja un círculo económico en el que el centro es el filántropo, que hace el bien, pero se centra en lo económico esencialmente.
Sobre la caridad, el DRAE, menciona a la misma como «Actitud solidaria con el sufrimiento ajeno», y ¿Quién lo puede ser? Cualquier ser humano que de cualquier forma, proteja o apoye a alguien que lo necesite.
El ser humano actualmente, un 3% lo serán por convicción, del otro 97% no se puede afirmar nada, en relación a este tema, he de comentar una lección de vida, que me enseñó que aunque pocos, existen muchos (paradojas) seres humanos con esa valiosa calidad, que no cualidad.
Hace muchos años, uno de mis hermanos sufrió de problemas con un ojo, semejaba una infección, y así fue tratada por varios oftalmólogos, hasta, que una persona muy cercana a él, le hizo ver que podría ser algo más que una simple bacteria, y le recomendó a otro profesional, al que le acompañamos con otra hermana, nuestro dolor fue intenso al conocer la gravedad de su problema, debido a una contaminación de heces de gato o perro, se había producido un grave problema en su organismo, por lo que se había iniciado a desprender parte de la retina de su ojo derecho, y a cada instante se desprendía más, la única solución era una operación urgente.
Nuestro deber de amor como familia fue apoyarlo, y lo hicimos, inmediatamente se operó, el día de su operación, conocimos al que sería el apoyo del médico titular, su nombre Fernando Noriega, la operación para mi hermano fue dolorosísima, ya que el cuerpo de acuerdo a sus condiciones físicas, soporta solamente cierta cantidad de anestesia, el médico que opera sabe con cuanto tiempo cuenta, sin embargo, en el caso de mi hermano, el desprendimiento se había acelerado más de lo previsto, por lo que el efecto de la anestesia terminó antes de la operación, con él aún despierto.
La recuperación fue lenta y dolorosa, pero lo peor fue que el ojo de mi hermano no terminó de pegar, así que por una cuestión del destino, existió empatía entre mi hermano y el doctor Noriega, así como toda la familia.
Se hizo cargo del ojo de mi hermano como de algo propio, luchó sin cobro por salvar ese ojo de tal forma, que pasaron dos años en la lucha por un ojo, paso el tiempo y el ojo se salvó, gracias a la constancia y dedicación del doctor Noriega, y la fuerza y voluntad de mi hermano.
La lección de vida que nos dejó, a muchos que estuvimos cerca o muy cerca de la historia, estriba en que un acto de caridad es la solidaridad, y que la misma no necesariamente es manifestar o gritar consignas, que existen seres caritativos a la vuelta de la esquina, y que no los valoramos lo suficiente, posiblemente porque no van disfrazados como súper héroes, pero son más que ellos, porque son de carne y hueso, la caridad existe y no es dar limosna, ni ir a la iglesia, la caridad la practican solo los grandes seres humanos, como el doctor Fernando Noriega.







