Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt

Estoy convencido que el 2017 debe ser el año en el que los guatemaltecos logremos cambiar nuestra realidad y construir un futuro para todos y no solo para algunos, especialmente los que no les importa transitar por el camino de la ilegalidad.

Pero no me queda duda alguna que para lograrlo, además de reformar las bases del sistema como lo he dicho hasta el cansancio, también es necesario dar unos golpes de efecto para mandar un mensaje fuerte y claro de que no importa cómo se estructure un negocio, los brazos de la justicia alcanzarán a los mafiosos, incluyendo a los de cuello blanco.

Y es por eso que hay dos recientes declaraciones que debemos analizar detenidamente y ambas se dieron en la celebración de los 20 años de la firma de “La Paz” (¿cuál paz?). La primera es la de Álvaro Arzú quien le dijo a Jimmy Morales que debe estar tranquilo, a pesar de que “el analfabetismo mercenario de la prensa es el nuevo teatro de una falsa realidad”.

Y luego, Sammy, el hermano del presidente dijo que el suyo es “un caso interesante que va a servir como caso de estudio” y que “esperamos que esto se acabe rápido para bien de todos y para que tengamos más temas en la prensa”.

Arzú quiso parafrasear el dardo que le mandó a él Jorge Skinner Klee cuando le dijo que su ignorancia era enciclopédica porque abarcaba todas las áreas del conocimiento humano (salvo para hacer negocios y esa es una apreciación mía), pero tengo que darle la razón en algo al Alcalde de los garrotes y los morongazos, puesto que sí hay prensa mercenaria que no lo ha denunciado a él como es, un sinvergüenza de cuello blanco que ha tenido la habilidad para jugar con la miseria y la necesidad de la gente.

Pero volviendo al punto, digo que tales personajes ponen en un brete al Ministerio Público (MP) y la CICIG porque, según ellos, ejecutores de negocios con dinero del Estado, sus privatizaciones, sus fideicomisos, sus concursos a dedo, sus pasos a desnivel que permiten obras sin importar consecuencias, sus nóminas, su relación con los socios del Transurbano, sus gerentes que son millonarios, sus facturas falsas, etc., son meros inventos de la prensa y claro que se sienten muy cómodos porque en el caso de nuestro Trump, el radar de la justicia no pasa por sus lares y en el caso del comediante convertido en político, el paso del tiempo le ha dado la confianza para asegurar que el suyo será un simple caso de estudio.

Sin saber que venía “La Línea” el jueves 16 de abril del 2015, dos días antes escribí que era necesario que un caso judicial nos abriera los ojos para ver cómo se movía la melcocha y nos sirviera de motor para unirnos para luchar por una Guatemala mejor, más justa e incluyente en donde los picaros no la tengan tan fácil y creo que regresamos a ese punto.

Urge arrancar el 2017 con señales claras de que no será otro año perdido como en el 2016 en el que se hizo lo suficiente solo para dar la apariencia de que las cosas iban cambiando cuando la realidad era distinta. Urge mandar un mensaje inequívoco de que la corrupción no fue solo del PP.

No tengo nada personal contra Arzú a pesar de su opinión de la prensa (comparto que hay algunos que deshonran el oficio) ni tampoco contra Sammy y los Morales, solo creo que las oportunidades no pueden seguir siendo de un puñado de aventajados cuando tenemos millones que piden a gritos el chance de demostrar en su tierra de lo que están hechos, pero que no han podido por culpa de los que, con tal de hacer negocios, roban el futuro a millones garantizando su pobreza eterna.

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