Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt
En ocasiones oír el lema del alcalde Álvaro Arzú de que somos la ciudad del futuro causa entre risa y cólera porque basta ir a un centro comercial en la zona 10 que fue autorizado por tu MUNI y tener que esperar a que muevan 7 carros de un sótano porque simple y sencillamente no se dan abasto para atender la demanda, pero la gloriosa comuna otorgó la licencia a pesar de que según Arzú hacen estudios de “primer mundo”.
Eso de ser la ciudad del futuro es el mejor ejemplo de un lema sin sustento y de una oferta vacía, pero el gran problema es que ese fenómeno también se repite a nivel de país cuando se nos dice que somos el país de la eterna primavera (¿para quiénes?) o cuando se nos dice que somos un país con una economía sólida sin tomar en cuenta el papel que juegan las remesas de nuestra gente.
Esas pajas sin sustento son las que abren la puerta a que tengamos a un Presidente que dice luchar contra la corrupción, pero que tras bambalinas es el operador de un pacto de impunidad que busca minar cualquier esfuerzo que procure un cambio.
Ese mal de tener eslóganes falsos que aguantan con todo es lo que hace que tengamos una política exterior en la que por un lado se dice que se apoya la lucha contra la impunidad, pero por el otro se tenga a un Canciller más preocupado por su nuevo puesto en la OEA y sus dos embajadores (en Washington y Nueva York) que cabildean por implementar la verdadera agenda del gobierno que es escabecharse a la CICIG y minar al Ministerio Público con el apoyo del Congreso, las cortes y los grupos radicales que desean preservar las cosas en su estado actual.
Lo que no son expresiones de publicidad sin sustento es que nuestra gente es el mejor producto de exportación, que la pobreza es una realidad asegurada para millones, que la salud es un lujo y la educación un privilegio para pocos.
Hay veces que uno se frustra de ver una realidad que no cambia y existe la opción de tirar la toalla o de seguir en la lucha y yo todavía sigo con el espíritu de luchar, de levantarme de la adversidad para pensar que si trabajamos en lo que nos une más que en los que nos divide, podemos encontrar la luz al final del túnel.
Nosotros, los que tenemos oportunidades, nos jugamos mucho, pero nada comparado con aquellos que no las tienen porque para ellos la miseria es algo seguro y esa realidad va más allá de un eslogan; la realidad no nos debería dejar dormir y debería servir como motor para que logremos articular un gran consenso nacional.
Pero ese consenso nacional no puede ser alrededor de minar la lucha contra la corrupción y la impunidad como sueñan algunos, sino debe ser alrededor de la generación de oportunidades que cambien el panorama nacional.
Debemos aprender a dejar de ser como los eslóganes de TU MUNI, mentiras que se oyen bonitas. Somos el país de la eterna primavera pero para muchos es un constante invierno en el que les llueve sobre mojado porque, como a todos, la corrupción les roba las oportunidades, los sueños y la ilusión.