Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt

Es el futuro de mi hijo y el de los suyos. Lo he dicho en el pasado y ahora, más seguro que nunca, estoy convencido que el día lunes cuando se discutan en el Congreso las reformas constitucionales al sector justicia, el debate no solo será en torno al futuro mismo del sistema judicial sino será una discusión que marcará para miles de niños el vivir en un país que da pasos firmes para romper la impunidad y la corrupción o vivir en una Guatemala que abierta y descaradamente apuntala un sistema cooptado, impune y corrupto.

Siempre he dicho que yo me esfuerzo por darle a mi hijo las oportunidades que mis hermanos y yo tuvimos como consecuencia de un trabajo honrado, pero también he dicho que los que tenemos oportunidades no podemos ser privilegiados en el reino de la pobreza.

El lunes hay un grave riesgo de que esa pobreza, al apuntalarse la impunidad que alienta la corrupción, continúe como el destino seguro de miles de niños para los que la salud seguirá siendo un lujo, la educación un privilegio, la pobreza un destino seguro y la migración la decisión que, en medio de dolor, les pueda salvar la vida en términos económicos aunque se las deshaga en términos humamos.

He aprendido a luchar por mi familia y a aprovechar las oportunidades, pero sin dejar de pensar en esas miles de personas a las que la vida no les ha sonreído tanto, y no precisamente porque no se esfuercen; he llegado a la conclusión de que, a pesar de cuánto nos afecta a todos la impunidad y la corrupción, a los más necesitados los soterra lenta y agónicamente para el resto de la vida.

En tan graves circunstancias, algún día habremos de contestarle a nuestros hijos qué papel jugamos cuando Guatemala tuvo una oportunidad de elegir un rumbo diferente, un camino que las mafias, los poderes ocultos y los políticos cínicos y defensores del sistema no desean.

Y es por eso que el día lunes debemos ser ciudadanos y dejar por un momento nuestros quehaceres diarios para ejercer el papel que nos corresponde si nuestro deseo de cambio no ha sido del diente al labio. Los empleadores debemos dar permiso a los compañeros que deseen que su voz se escuche más allá de las redes sociales.

De aquí al lunes los enemigos del cambio y de las reformas elevarán su retórica y su operación para truncar las reformas y usarán el recurso del miedo (de todo tipo) para minar cualquier asomo de despertar ciudadano, pero ahora más que nunca debemos trabajar por lo que nos une y no por lo que nos divide.

Si usted es de los que no apoyan las reformas le dejo lo siguiente: Si el Estado actual de las cosas nos ha dejado este podrido y cooptado sistema, operado por las mafias, ¿qué peor que eso puede haber con las reforma judiciales que se plantean? Bajo esa premisa justificar el rechazo a los cambios es muy difícil a menos que usted sea parte del problema o aliado de las bandas criminales, especialmente de cuello blanco.

El lunes, además de ejercer ciudadanía es una forma de liderar con el ejemplo para demostrar que cuando la patria llama, ahí estarán los ciudadanos que desean cambios por su bienestar y por aquellos más necesitados, porque si se apuntala la corrupción, el cambio nunca llegará para más del 60% de la población y con eso, le podemos decir adiós a cualquier crecimiento económico integral y sostenible, y seguirá corriendo el cronómetro de esta bomba de tiempo que hoy es nuestra querida Guatemala.

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