Roberto Arias

No tengo la mínima idea de hasta cuándo este inamovible pueblo de Guatemala despertará y logrará ver al famoso dinosaurio en su verdadera dimensión y, por lo menos, moverá un músculo para erradicarlo de su realidad. Ese miedo es quien ha hecho que cualquier perico de los palotes se encarame a sitios públicos para después convertirse en déspota, ladrón, asesino y titiritero, manteniendo a la población en vilo.

Viene esto al caso de la respuesta de los «Traileros» al haber paralizado el transporte de mercaderías en general, incluyendo las de importación y exportación en la República de Guatemala. Estos pilotos de cabezales han decidido pararle la mano al déspota que ha hecho con Guatemala y su población lo que se le pega la gana, mientras la ciudadanía de rodillas dice «Amén y amén».

La respuesta a Arzú, con medidas de hecho, a la decisión unilateral edilicia de limitar aún más los horarios de circulación de trailers en la Capital, lo que inició a partir de ayer viernes 4 de noviembre, tiene en jaque a los traileros; a las aduanas; al CACIF -que se pronuncia contra los pilotos y no contra Arzú, su entenado-; a las compañías navieras, quienes al ver las agresiones y amenazas contra los transportistas han optado por no tomar tierra en Guatemala y seguir hacia otros destinos; a la SAT y al comercio y la industria en general.

Dentro de este pandemonio, hemos podido observar con claridad meridiana, cuáles medios de comunicación son fafeados por Arzú, aparte de los que son obvios durante el año. Este es un escándalo a nivel global y cuánta basura y cuánta rata saldrá de su escondite mientras dure el escándalo y las millonarias pérdidas para el país.

El génesis:
El génesis del problema estriba en grande medida en el hecho de que Arzú ha visto únicamente por sus intereses y generalmente no los del Estado. Si la ciudad de Guatemala tuviera un sistema eficaz y eficiente de transporte público, la ciudad tendría un respiro más profundo y más sano. Es vox pópuli que los japoneses ofrecieron, hace muchos años, construir un metro como el de México, Nueva York o Moscú; pero el Alcalde les pidió un soborno (mordida) multimillonario y lo mandaron mil veces al carajo. Por eso la Ciudad de Guatemala no tiene metro y por esa razón, toda la basura chatarra del Norte viene a parar a nuestro país en automóviles que, caen en manos de personas que no tienen realmente la noción de lo que es operar un vehículo en el tráfico y los atascos son mayúsculos. Ahora viene a dar atol con el dedo con el «Transmetro». El transmetro jamás podrá transportar con eficacia a los dos millones y medio de almas que habitan la ciudad. ¡Es mentira!

Ahora, para taparle el ojo al macho sobre la colosal estupidez cometida, hace un berrinche grandioso, involucrando a toda la flora y fauna nacional. Arzú, como ya sabemos, tira la piedra y esconde la mano, sustentado por los medios televisivos, radiales y escritos que tiene a su disposición.

Jimmy Morales debería aprovechar y solucionar el problema a favor de la población. ¡Puede y hágalo!

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