Dra. Ana Cristina Morales
El término uno hace referencia al yo. A la manera que caracteriza a cada persona por sus pensamientos, acciones, emociones y creencias. Es decir, como cada quien se desempeña dentro de la existencia. Hay factores genéticos, familiares, sociales y espirituales que condicionan a la persona a ser como es. Pero, también existen elecciones que llevan a la persona a constituirse de la manera que desea ser.
Ser quien uno es. Puede conducir a una persona a ser vista de forma distinta y ello llegar a considerarse una trasgresión a normas y a un determinado sistema de creencias sociales, que consensuadas, realizan a manera de dictamen lo que puede ser considerado como normal o anormal.
En la actualidad el individuo y su identidad es sometida por modas que le despojan de su autenticidad para ser, que descalifican la creatividad, la originalidad y observan como mal, el pretender ser diferente. La moda tritura pensamientos, comportamientos, afectos y a la espiritualidad. Aprisiona a las personas en conductas consumistas y legitima el poder de ser, a través de tener.
La moda dicta desde la manera de vestir, de alimentarse, de pensar, de creer, de comportarse. De tal manera, que trata de anular al uno. Uniformando a las personas.
La ambigüedad, la inconsistencia, la violencia y conductas antisociales, la incoherencia entre discurso y acción, la deshumanización, la gente corrupta que plantea ideas morales y religiosas, así como trata el tema de trasparencia con alta propiedad. Se encuentran a la moda.
El maltrato al cuerpo, a las personas, al espíritu, a la tierra, a las aguas, a la naturaleza y sus paisajes. Expresado de otra manera, la necrofilia se encuentra de moda.
Quien uno pretenda y elija ser, puede hacer diferencia. Siempre y cuando la expresión de quien uno es, sea auténtica y regida por una conducta biofílica. De tal forma, que exista congruencia entre acciones, pensamientos y sentimientos que ayuden al desarrollo del mundo y no a su destrucción. Que exista esmero por el bien común, que al final de cuentas, no puede seguir observándose como excluyente del propio.
Las expresiones de quien uno es se observan en el diario vivir. Si uno elige ser amargado y mezquino. Eso es lo que le puede dar hacia su alrededor. Aunque de palabra se haya declarado un máximo defensor de los derechos humanos. Si el sentirse poderoso es un aliciente para socavar la dignidad y la vida de otras personas. La incongruencia consiste en lo pura lata que se siente esa persona consigo misma.
Quien es ácido, solo puede dar acidez, quien se siente valioso puede apreciar a los demás, quien conoce de amor, puede ser empático, puede compartir sin temor a ser saqueado. Quien se siente feliz, se alegra por la felicidad ajena, quien se siente confiado, no necesita competir, quien aprende a vivir con valentía, aprende del fracaso, y se levanta una y otra vez, quien desea el progreso, aprende y también desaprende conocimientos y conductas cuando es necesario.
En resumen nuestro interior se expresa a través de nuestras acciones, y podemos cantar un lindo discurso, pero si en el proceder no existe congruencia. La esencia de quien es uno aflora.







