Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt
El Presidente de la República se está jugando todo en el Caso de la Terminal de Contenedores Quetzal y puede ser gravísimo que se deje encasillar por el criterio de algunos de sus funcionarios que lo arrinconan para que, de cualquier forma, termine reconociendo derechos a la empresa holandesa que compró la operación de los pícaros españoles que sobornaron a las autoridades guatemaltecas a cambio de un contrato que les garantiza utilidades mucho mayores que las lógicas en una operación de ese tipo. Debe recordar el Presidente que una de las voces más favorables para “negociar” con los holandeses es la de su Ministro de Finanzas, para quien el cierre de las tiendas de puerto libre La Riviera fue un error por el mensaje que se envía a inversionistas, pese a que esas tiendas fueron producto de otro negocio sucio.
Guatemala ciertamente nunca ha ganado un arbitraje internacional, pero nunca ha tenido un caso tan sólido como el presente en el que se han aportado pruebas irrefutables del soborno pagado por TCB a Pérez Molina. Los holandeses pueden demandar a Pérez Maura, pero no al Estado de Guatemala y el artículo 155 de la Constitución no se les aplica porque el mismo se refiere a la solidaridad del Estado cuando al infringir la ley, los funcionarios hayan causado PERJUICIO a particulares, pero en este caso lejos de perjuicio violaron la ley para causarles desmedido beneficio.
Si los holandeses son compradores de buena fe, cuestión que deberá probarse, tendrían que haber demandado a TCB por venderles un negocio producto de un soborno, pero resulta que en los registros oficiales todavía aparecía al 25/04/2016 como Vicepresidente del Consejo de Administración de TCQ Ángel Pérez Maura.
Sus funcionarios no le han dicho, señor Presidente, que tal y como están las cosas los holandeses no tienen cómo reclamar nada porque aun habiendo comprado de buena fe, adquirieron derechos que fueron producto de un soborno, acto criminal que se está ventilando en los tribunales.
Ni Enrique Godoy ni el Ministro de Finanzas, que parecen ser los más activos e interesados en que los holandeses pongan a funcionar la Terminal de Contenedores, son abogados y ambos tienen, triste es decirlo, un punto de vista por lo menos muy blando y relativo respecto a la corrupción. Hay mucha gente en el país, señor Presidente, que no ve mal las movidas chuecas y que hasta las aplaude si producen “modernización”. Así y por eso se piñatizó la telefónica y por ello para el Ministro era más importante mantener abiertas las tiendas de Puerto Libre que castigar a quien luego resultó ser uno de los mayores lavadores de dinero de todo el mundo, el panameño que sobornó a guatemaltecos para amañar el negocio La Riviera.
Yo he platicado con el Presidente en dos oportunidades y encuentro en él deseo de hacer las cosas correctamente aunque no tenga clara su hoja de ruta para dar pasos ejemplares. Sé cómo funcionan las roscas que descalifican a todos los que opinan distinto diciendo que “ellos no saben”, como si lo que aconsejan fuera la Biblia. La historia nos muestra cómo han hundido a nuestros gobernantes esas roscas perniciosas y por ello me atrevo a pedirle al presidente Morales que no se deje embaucar.







