Javier Estrada Tobar
jestrada@lahora.com.gt – @JAVIEResTOBAR
Una de las preocupaciones en todas las sociedades es el futuro. Y es que el inevitable paso del tiempo nos hace pensar que tarde o temprano tendremos que pasarle la estafeta a una nueva generación de ciudadanos y ciudadanas, que va a tomar las riendas del país, o que simplemente van a ser parte del conjunto social.
El legado que vamos a transmitir a las próximas generaciones se define, en buena medida, por las acciones y decisiones del presente, y es por eso que ahora mismo resulta preocupante el abandono de la niñez, especialmente de las niñas, ya que sin lugar a dudas eso repercutirá en el futuro próximo.
Claro que los niños y hombres son importantes, pero el escenario es mucho más complicado para las niñas y mujeres, que se encuentran en una franca desventaja por su condición de género, y eso se confirma con datos y estadísticas. A pesar de que hay algunos avances, las niñas tienen menos acceso a la educación y salud que los niños, de la misma manera que las mujeres gana salarios más bajos y tienen menos espacios para la toma de decisión que los hombres.
El último informe de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio señaló que la paridad en acceso entre hombres y mujeres estuvo muy cerca de alcanzarse, especialmente para los niveles primario y secundario, en donde se observan valores de alrededor de 0.9 (por cada 10 niños hay un equivalente de 9 niñas), con algunos altibajos en los últimos años, principalmente en el nivel secundario, aunque en la provincia la situación no es tan positiva como en la Ciudad de Guatemala.
“Esto es un consecuencia de la evolución negativa que han mostrado las tasas netas de escolaridad y de terminación. Por su parte, en el ciclo diversificado y en el nivel universitario la paridad ya se logró”, refiere el informe.
Esta disparidad histórica en el acceso a la educación entre niñas y niños ya demostró ser negativa para el país. Según los datos de la Secretaría General de Planificación y Programación, una situación similar se observa en el acceso al empleo (autonomía económica), en donde se presenta un estancamiento en la participación de las mujeres, pues solamente el 37.9 por ciento de las asalariadas se encontraba empleada en el sector no agrícola en 2014, lo que no garantiza su autonomía económica.
También el informe señala en cuanto al empoderamiento político de las mujeres, todavía persisten amplias brechas, pues solo el 13.9 por ciento de los escaños en el Congreso son ocupados por mujeres. Esto significa que de los 158 diputados que integran el Congreso solamente 22 son mujeres (legislatura 2016-2019).
Creo que faltan todavía muchas estadísticas más que evidencien la situación de desventaja de las mujeres, pero no contamos con datos actualizados con enfoque de género que nos ayuden a ilustrar con cifras esta situación.
Comprendo a quienes no aceptan que los privilegios para las niñas y mujeres, pero hay que entender que no se trata de “privilegios”, sino de medidas y acciones compensatorias para contrarrestar la posición verdaderamente privilegiada que han ostentado los hombres a lo largo de la historia. Trabajemos que niños y niñas tengan los mismos derechos.
Valentina, Violeta y Jade, bienvenidas al mundo.