Estuardo Gamalero
«Se puede ganar con la mitad de un país, pero no se puede gobernar con la otra mitad en contra».
John F. Kennedy
La corrupción aleja las oportunidades de inversión, provoca la pérdida de empleos formales, aniquila la competitividad de una persona, empresa e incluso de toda la nación. La corrupción desespera al pueblo y provoca anarquía.
En el contexto de estos apuntes, podemos entender la competitividad, como la capacidad de un país para obtener rentabilidad y ventajas en relación a otros Estados. La competitividad tiene estrecha relación con la productividad, pero son cosas distintas.
La próxima semana, Guatemala será la sede del IX Foro de Competitividad de las Américas. El evento lo organiza Cámara de Industria de Guatemala, con el apoyo del Programa Nacional de Competitividad y la Organización de Estados Americanos (OEA). El tema y sus implicaciones son de trascendencia nacional y sobrepasa la esfera del mundo privado empresarial, que por cierto, muchos intentan destruir sin darse cuenta que atacan lo que ambicionan.
Irónicamente, lo que esos críticos no realizan, es que la competitividad nacional depende en buena medida de la proliferación de inversiones sostenibles, de la generación de plazas de trabajo formales, de los ingresos tributarios y por supuesto del imperio de la ley.
De acuerdo con el «Reporte de competitividad global 2014-2015» del Foro Económico Mundial, los mayores problemas (en orden de importancia) que enfrenta Guatemala en esa materia son: 1. Criminalidad y violencia. 2. Corrupción. 3. Insuficiencia de infraestructura. 4. Ineficiencia de la burocracia gubernativa. 5. Inadecuada educación de la fuerza laboral. 6. Malas y complejas regulaciones fiscales. 7. Regulaciones laborales restrictivas (esto se refiere a la imposibilidad de poder contratar por hora a un empleado). 8. Inestabilidad de políticas y normativa. 9. Acceso al financiamiento. 10. Insuficiente capacidad de innovación. 11. Falta de ética en la clase laboral estatal. 12. Pobre acceso a servicios de salud pública. 13. Altas tasas de impuestos. 14. Inflación.
Según el «índice de competitividad», Guatemala ocupa el puesto 78º de 144 países. Para el análisis de dicho reporte, se analizan mundialmente (y con los mismos estándares) diversos aspectos: a. Instituciones públicas y privadas. b. Infraestructura pública. c. Ambiente macroeconómico. d. Salud y educación primaria. e. Educación superior y capacitación. f. Mercado de bienes y servicios. g. Eficiencia del mercado laboral. h. Desarrollo del mercado financiero. i. Preparación y acceso tecnológico. j. Tamaño del mercado. h. sofisticación e innovación de los negocios.
En cuanto al «índice de corrupción», Guatemala ha llegado a estar en la posición 123 (año 2013) 115 (año 2014) de 176 países. Me atrevo a decir que en la cruzada, que los guatemaltecos tenemos a favor de la transparencia, muy probablemente podríamos mejorar hasta quince posiciones en el corto plazo. Lo anterior es positivo para el país por diversas razones, pero una fundamental, es que ayuda a generar confianza y con ello estabilidad, inversiones, trabajo, riqueza, desarrollo y crecimiento.
Uno de los efectos más lesivos de la corrupción, es que propicia la informalidad, tanto del mercado (compra y venta de bienes y servicios) como la informalidad laboral (puestos de trabajo al margen de la ley y sin cobertura de seguridad social). Para que tengamos una breve referencia, los niveles de informalidad en Guatemala están alrededor de un 65%. Expertos consideran que en un país como México (similar a Guatemala), el reducir un punto los niveles del corrupción equivaldría a mejorar un 10% el de la informalidad.
Los principales focos que propician la informalidad son: a) La pobreza y b) la falta de cumplimiento de la Ley. Ambas parecen enfermedades que se incrementan en: i. el clima de falta de transparencia del sector público; ii. Los niveles de conflictividad social; iii. La tramitología; iv. Las barreras al sector privado formal para dar nuevos pasos en rutas que permitan desarrollo, inversión y generación de trabajo a toda el área rural.
Ser «formal» en Guatemala tiene una serie de adversidades como por ejemplo: la mala infraestructura vial; altos niveles de criminalidad; falta servicios de agua potable; robo nacional de energía eléctrica; inseguridad ciudadana; inoperantes centros de salud pública; educación pública de baja calidad, la cual se paraliza al antojo de los líderes sindicales.
Resulta fácil concluir que la corrupción frena el desarrollo económico y provoca más daños en los trabajadores de salario mínimo y pequeños empresarios, los cuales mantienen en jaque su supervivencia, toda vez que sus recursos son más limitados para el pago de intermediarios que les faciliten la resolución de problemas como sobornos y extorsiones.
Los gobernantes, diputados y alcaldes 2016-2019, se enfrentan al desafío de hacer más competitiva a Guatemala, reducir los índices de corrupción, combatir la informalidad y mejorar el nivel de vida de los guatemaltecos.







