Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt

La tragedia del jueves por la noche en El Cambray II, Santa Catarina Pinula, lastimosamente no es la primera ni será la última, pero sí es la primera que se da desde abril del presente año, mes en el cual los guatemaltecos salimos un poco de la modorra al conocer las investigaciones de la CICIG y el MP por el Caso La Línea.

Gracias a ese caso y otros que han trabajado las autoridades, los guatemaltecos somos, en teoría, un poco más conscientes del robo de oportunidades que significa la corrupción de toda forma, a todo nivel y en todo periodo gubernamental. Siguen siendo muchos los que toleran la corrupción bien estructurada, aunque esa es la que más mata, la que más roba y la que más oportunidades niega.

En Guatemala existen 8 mil 200 áreas de riesgo identificadas por las autoridades, alrededor de 1.6 millones de viviendas no adecuadas y para 2020 pueden ser 2.1 millones, pero, resulta que el Fondo para la Vivienda (Fopavi) adscrito a la eterna e histórica corruptela del Ministerio de Comunicaciones, ha recibido Q4 mil 200 millones en los últimos diez años. ¿En dónde jocotes ha ido a parar ese dinero?

Somos un país con baja carga tributaria y lo poco que recaudamos sirve para que se lo roben, cuando en el caso específico del déficit habitacional, debería servir para que el Estado, con el apoyo de la iniciativa privada, comprara terrenos cuyo desarrollo pudiera ser licitado para la construcción, así como licitar el otorgamiento de créditos blandos por parte de los bancos.

Si se pensara más en la gente y en proyectos para ellos, la chamarra daría para que todos se beneficiaran porque se ayudaría a la gente más necesitada y los empresarios tendrían negocio en menores márgenes, pero en mayor volumen y de esa manera, desalojar a la gente en riesgo evitaría tragedias.

La entrega de Juan Carlos Monzón nos debe recordar siempre que gracias a los eternos hueveos tipo La Línea, existen los casos como El Cambray II, porque en lugar de usar los recursos para pensar en la gente, los mismos han servido a lo largo de la historia y sin duda alguna en esta era democrática, para alimentar los bolsillos de un puñado de saqueadores.

El Cambray II nos demostrará si en realidad somos una sociedad más consciente, porque las más de 500 muertes que nos dejará este lamentable hecho nos deberían hacer que nunca más volvamos a la indiferencia por la forma en que opera nuestro sistema. Mientras unos se hacen millonarios, otros deben subsistir en las peores condiciones pidiéndole a Dios que los riesgos no se materialicen.

En Guatemala urge que los sinvergüenzas y quienes con sus acciones u omisiones han permitido esta orgía de robo de dinero y oportunidades, ¡SE PUDRAN EN LA CÁRCEL! por el resto de sus días y que con ello, podamos darle paso a un nuevo sistema que sea por y para la gente, especialmente la más necesitada.

Guatemala no debería olvidar nunca esta tragedia y realizar que esto ocurre en gran parte como consecuencia de los históricos negocios que hemos tolerado y así como debemos erradicar lo malo, debemos construir sobre lo bueno y eso es el ejemplar papel de nuestros héroes rescatistas que ahí han estado retando a la posibilidad de un nuevo deslizamiento. Cuando pasa lo peor, ellos están ahí como ángeles guardianes, sacrificando su vida y el futuro de sus familias. Qué decir de la solidaridad de mucha otra gente.

Por ellos y por las víctimas, El Cambray II nos debe marcar un nuevo rumbo. Dios tenga en su gloria a las víctimas y a los deudos y por su memoria, es que debemos entender que casos como La Línea nos deben forzar a librar la batalla más dura de todas: cambiar el sistema.

Si a usted le duele lo que pasó en El Cambray II, además de ayudar o conmoverse, debe rajar ocote para cambiar este país.

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