Roberto Arias

La Universidad de San Carlos, la Procuraduría de los Derechos Humanos y las iglesias Católica y Evangélica conforman el llamado Grupo G-4, el cual en Conferencia hicieron un llamado al Congreso de la República con la finalidad de que respeten la propuesta original expresada por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) en lo que respecta a la reforma de la Ley Electoral y de Partidos Políticos, exigiendo que los cambios se hagan firmes y de inmediato. De no atender los congresistas el clamor ciudadano, podrían provocar un caos sociopolítico de magnitud impredecible.

Si los congresistas no acatan lo que clama a gritos y con indignación la población guatemalteca, ponen en peligro sus propias vidas porque antes, durante o después de las elecciones, forzadas en contra de la voluntad popular, las turbas enfurecidas podrían arremeter contra el Congreso y otras instituciones relacionadas al problema.

Los diputados viven en su mundo, en su círculo de opulencia y raudales de dinero; prepotencia y guardaespaldas; corrupción e impunidad, lo cual no les deja ver el mundo real en el que viven a diario las grandes mayorías: Una vida de frustración y de necesidades primarias insatisfechas, lo cual hace a los diputados absolutamente frágiles y vulnerables.

No debe haber elecciones sin hacer los cambios pertinentes, porque si no se hacen los cambios antes de las elecciones, seguirá gobernando el mismo sistema y, las estructuras de corrupción e impunidad simplemente se fortalecerán y esto irá de mal en peor. La población lo sabe, dentro de su desconocimiento del fondo de las Ciencias Políticas y sus libros análogos.

Dentro de las condiciones actuales, quienes vayan a votar irán a votar por la consecución de lo que ahora rige: La corrupción y la impunidad. La razón es sencilla, a Guatemala la manejan poderosos intereses financieros que incluyen a la agroindustria; la minería; el narcotráfico; el crimen organizado en general; países “amigos”, etc. La profunda corrupción existente abre una insondable brecha entre los políticos y los ciudadanos.

ES INDISPENSABLE que los políticos y sus partidos revelen de lleno quiénes son sus patrocinadores o financistas y la fiscalía del TSE tiene que presionar con fuerza para que así sea. Las fuerzas de seguridad estatales deben redoblar esfuerzos para evitar un baño de sangre, especialmente en las alcaldías más problemáticas. Esperemos, los ciudadanos, que esas fuerzas de seguridad, sin el Ejército, hayan cambiado hacia lo positivo para proteger realmente a la ciudadanía, como tanto cacarea Otto Pérez.

No olvidemos que la violencia preelectoral ya ha reclamado candidatos, sus familias, activistas y personal electoral, mayormente a manos de sicarios que aún no han sido identificados ni capturados. Guatemala vive una situación muy precaria y difícil, que la mayor parte de los ciudadanos desconoce y no se percatan de lo que verdaderamente ocurre.

Por eso, si usted vota sin los cambios necesarios, estará usted votando por la violencia, la corrupción y la impunidad… créalo.

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