Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@gmail.com

Esta semana cuando intentaba pasar cerca del Congreso de la República, me topé con carros ultrapolarizados, en los cuales descansaban unos tipos robustos, con chenca en mano, mientras aguardaban la salida de los llamados, no sé por qué, legisladores. Luego de diez minutos de espera, de escuchar bocinazos, justificados eso sí, y de ver la luz del semáforo ruborizarse una y otra vez ante mi inmovilidad, maldije, como muchas veces lo he hecho, ese recinto, a esas personas y la apatía del oficial de Emetra ante semejante abuso.

Horas más tarde revisando unos documentos con estadísticas de los múltiples problemas que enfrentan los niños y niñas en Guatemala, pensé, que no debía de enojarme tanto con quienes obstruyen la circulación de los ciudadanos en una tarde calurosa. Realmente debía indignarme con aquellos que sin pena alguna, evaden la responsabilidad adquirida tras un voto, equivocado obviamente, y faltan a su jornada laboral, aunque lo que menos hagan sea eso, trabajar.

Y es que, si es que es cierto que un diputado gana alrededor de Q30 mil quetzales al mes, al no presentarse sin razón justificada, debería de descontársele alrededor de mil diarios. Eso multiplicado por la gran cantidad de ausentes y luego por el número de días en los que estos “representantes” del pueblo no asisten a sentarse a su curul,  bien que solucionaría algunos problemillas de los muchos que a diario escuchamos: “no hay pupitres”, “no hay acetaminofén en los hospitales” y es que es muy duro pasar el Niagara en bicicleta…

Yo sé que esa cifra no se compara ni mínimamente con lo que a diario estos empleados tan bien pagados y otros funcionarios públicos roban de las arcas nacionales, sin remordimiento alguno de conciencia. Y es que solo roban dicen muchos con resignación. Sí, roban. Pero con lo que roban impiden que personas se curen, entonces vienen a ser algo así como cómplices de asesinato, visto bíblicamente cometen pecados mortales, aunque claro eso no importa, las “ofrendas” generosas siempre han lavado la sangre de las manos de muchos, limpiado hojas de vida y por supuesto llenado barrigas y estirado arrugas de muchos y más.  Y es que si bien es cierto que el Photoshop es generoso con algunas figuras públicas, el bisturí y no el del anuncio, aunque la del anuncio de plano, ayuda mucho.

Considero pues, que entre las reformas, aunque claro, serían tontos los trabajadores de la novena, o de la octava, qué más da, si aprobarán un decreto, ley o estatuto que claramente indique que día no trabajado, no será pagado.

Sería mejor que se les decretara ganar el salario mínimo, digo, si el compromiso es tal, si al amor a la “Patria” es tanto y sí, además, ya han hecho prósperas a más de dos generaciones de sus descendientes con el tiempo que han estado ahí, sería algo digno, aunque creo que esa palabra aún no puede ser procesada por ellos. Lo ideal, en realidad,  sería que no se reeligieran, pero bueno creo que todo esto es una utopía, un sueño absurdo, porque acá, más que un río nos trepamos al Everest jugando chiviricuarta.

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