Mario Álvarez Castillo
Se atribuye al naturalista y filósofo estadounidense Enrique David Thoreau, nacido en Concord, Estado de Massachusetts, en la segunda década del siglo XVIII, el ensayo denominado ‘DESOBEDIENCIA CIVIL’, alentado a escribirlo por el resentimiento que le produjo su encarcelamiento por negarse a pagar un impuesto de un Estado que no condenaba la esclavitud, en una actitud valiente, pero excéntrica que, en todo caso, solamente le afectaba a él. Sin embargo, sustentaba principios para obtener el mayor provecho de la vida que por lo tanto, continúan vigentes como APROVECHAR EL MOMENTO PRESENTE, por el cual condenaba el obstinarse en “guardar tesoros que se apolillarán y enmohecerán y serán presa de ladrones” (como lo proclama la Biblia). FORTALECERSE EN LA SOLEDAD por el que señalaba que el hombre de todas formas está solo y que es menester acercarnos a la fuente perenne de vida, sin importarnos de donde creamos que proviene y hacia la semejanza con la raíz del sauce que creciendo cerca del agua, dirige sus raíces hacia ella. SIMPLIFICAR, para liberarse de la tiranía de lo profano porque –decía él– “Las posesiones son grilletes y la simpleza proporciona al hombre concentración singular de fuerza, de energía y de placer”. HACERLO AHORA. Con ello significaba que se debe actuar inmediatamente, pues es la única forma de vivir a plenitud. Y agregaba, solamente cuando nos olvidamos de todo lo aprendido comenzamos a saber algo. NO PERDER EL TIEMPO EN RODEOS. Si deseamos fabricarnos o adquirir algo, a qué esperar para cuando tengamos el total ahorrado. Es ahora cuando debemos hacerlo, quizás mañana sea demasiado tarde. Titulaba a la vida como LA ÚNICA RIQUEZA que tenemos. Recomendaba no apilar riquezas en los bancos, porque “el único fruto de una vida dedicada al lujo, es más lujo”. Finalmente aconsejaba descartar todos los impedimentos convencionales, el dinero y la respetabilidad (los honores), pero a la misma vez quería él que fuéramos responsables, como el subyacente principio de que en alguna medida, LO QUE OCURRE ES CULPA NUESTRA.
Esto naturalmente fue escrito en el otoño de 1837 y siendo él muy joven, pero lo más interesante de resaltar es lo que le obligó a sustentar la “Desobediencia Civil”; teoría por la que afirmaba que un hombre libre tiene derecho a desobedecer leyes injustas, aunque su fórmula era “la resistencia pasiva.”
¿Habló él de obstaculizar carreteras como sucede en nuestros días? Seguramente que no. ¿Exigió él que le secundaran en su desobediencia y que ésta llevase a consecuencias funestas de quienes tal vez ni entienden el sustento que la motiva? Creemos que no, porque si cita un pasaje bíblico para soportar su principio de “Aprovechar el momento” probablemente todo su pensamiento estaba basado en la que llamamos la Palabra de Dios. Y si no, veamos lo que dice el versículo 6 del Capítulo 5 de la Carta a los Efesios, escrita por el Apóstol Pablo: “Nadie os engañe con palabras vanas; porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia”. Sin duda Thoreau tampoco desconoció estos pasajes de Romanos 13; 1-5: “Toda alma se someta a las potestades superiores; porque no hay potestad sino de Dios; y las que son, de Dios son ordenadas. Así que, el que se opone a la potestad, a la ordenación de Dios resiste; y los que resisten, ellos mismos ganan condenación para sí. Porque los Magistrados no son para temor al que bien hace, sino al malo. Porque es ministro de Dios para tu bien. Más si hicieres lo malo, teme; porque no en vano lleva el cuchillo; porque es ministro de Dios, vengador para castigo al que hace lo malo. Por lo cual es necesario que le estéis sujetos, no solamente por la ira, más aun por la conciencia.”
Lo escrito por Thoreau no fue para provecho de los vándalos. De lo contrario se necesitaría una autoridad para cada individuo por la infinita diversidad de criterios. Su pensamiento demuestra la diferencia que existe entre lo que es un administrador y un gobernante y lo difícil que es ser uno de éstos, porque el que nació para serlo, no claudica ante la tentación y aprovechamiento de la única oportunidad de enriquecerse. Opta por el sacrificio y por la integridad y como tal viene a constituirse en padre de muchedumbres y se obliga a dar el ejemplo.







