Raúl Molina
La crítica y la autocrítica de la izquierda podrían continuar. Hemos cometido innumerables errores, sin capacidad para enmendarlos. Admitamos que nadie está químicamente puro, desde hace mucho. Recuerdo las discusiones entre seguidores de Severo Martínez y de Guzmán Bockler, sin distinguir que sus aportes eran complementarios; la conformación de la URNG en 1982, con ausencias significativas; y el pecado de ésta de permitir y hasta promover que cuadros y militantes se retiraran irreversiblemente del movimiento, aún antes de la época del transfuguismo a la derecha. Durante el post-conflicto se han inventado alianzas extrañas, se han roto coaliciones temporales, se han satanizado figuras y nuestro sistema electoral sigue insistiendo en el caudillismo y la falta de democratización. Se ha perdido el contacto con el movimiento social, como lo reflejaron la Ley Monsanto y la reciente elección de Junta Directiva del Congreso: los votos fueron en dirección opuesta a la opinión popular. A seis meses de la apertura del proceso electoral, se insiste en las diferencias y no en las convergencias.
¿Existe una salida? Sí, si hacemos uso de humildad y de sentido común, recordando que cada voto que se excluya va a sumar en el lado contrario. Lo importante es fijar la línea que nos separe del otro bando. Se trazó desde hace varios procesos electorales: quedan afuera quienes hayan participado en la represión, se vinculen con el crimen organizado o hayan caído en la corrupción. Queda de nuestro lado la ciudadanía honrada. Esto nos permitiría reunificar a todos los participantes en el Frente Amplio del 2011 -URNG, Winaq, ANN, MNR, FNL, Tzukkim Pop, RPDG y otros- e invitar a ausentes en ese esfuerzo, como Encuentro por Guatemala, el PSOCA y otras agrupaciones políticas. Y más importante, nos permitiría invitar a las diversas organizaciones del movimiento social: campesinos, trabajadores, cooperativistas, comerciantes, pueblos indígenas, organizaciones de mujeres, juventud, migrantes, grupos académicos y tantos más. La propuesta es el Frente Amplio, sin exclusiones.
Que las candidaturas a cargos de elección no nos dividan, como en el pasado. URNG y Winaq han presentado un precandidato a la Presidencia, Yuri Melini, capaz y unitario; pero no se deben excluir otros nombres y ecuaciones. La idea no es seleccionar al “mejor”, sino a quien tenga las probabilidades más altas de “pegar” en la población. Presidente y Vicepresidente no lo definen 50 mil militantes de partidos ni 500 mil asociados en el movimiento social; lo definen los millones de ciudadanos que asisten a las urnas. Antes hemos tenido muy buenos candidatos y candidatas; pero ninguno fue “elegible”. Apliquemos el mismo criterio a las demás candidaturas: no se trata del “mejor candidato”, sino que de la ciudadana o ciudadano en quien la población pueda confiar. Preguntémonos: ¿Quiénes pueden lograr un cargo? Es el momento de unirnos y actuar, “sin que nadie se quede atrás”, incluidos nuestros anteriores abanderados que deben volver a hacer campaña por quienes merecen nuestro mayor apoyo. ¡A superar la miopía y buscar una salida distinta!







