La interrupción del corredor marítimo en el estrecho de Ormuz, causará repercusiones en Guatemala, y se anticipan sus efectos sobre el precio de los combustibles, directamente sobre la gasolina, diésel y el gas. Por el Estrecho de Ormuz pasa el 20% del petróleo global, pero en especial el petróleo que va a occidente, es decir, a Europa y América, en especial a Guatemala.
El precio del petróleo se maneja en compra en la bolsa de valores y antes de que el conflicto entre los Estados Unidos, Israel e Irán estallara, el barril del precio de petróleo rondaba entre 75 a 80 dólares el barril, cotizando por la crisis de la guerra a 112 dólares el precio del barril de petróleo. Esto ha ocasionado un incremento al precio de los combustibles de casi Q. 10.00 quetzales por galón de gasolina y diésel El aumento del precio internacional del petróleo, impulsado por tensiones en rutas estratégicas en el Estrecho de Ormuz— tiene efectos inmediatos en economías dependientes de la importación de combustibles. En este contexto, el encarecimiento de la gasolina no solo afecta a los conductores, sino que se traduce en una cadena de impactos económicos y sociales que alcanzan a toda la población. Guatemala importa la totalidad de los combustibles que consume, por lo que cualquier aumento en el precio internacional se refleja rápidamente en el mercado local. Lo que implica que los combustibles aumenten, se verá el efeto en el incremento en el gasto diario de transporte, en el aumento en el precio de productos básicos, y la reducción del poder adquisitivo, causando inflación. Esto golpeará con mayor fuerza a los sectores de ingresos bajos y medios, que destinan una mayor proporción de su presupuesto a transporte y alimentación.
En cuanto al efecto inflacionario en la economía, su encarecimiento genera un efecto dominó inmediato, teniendo como consecuencia inflación, subida de los combustibles y por ende, la canasta básica.
Pero, ¿Cuál sería la solución para evitar el alza de los combustibles y evitar la inflación? Primero sería reducir temporalmente impuestos al combustible, bajando el Impuesto a la Distribución de Petróleo (IDP) de forma inmediata. Segundo, sería un subsidio focalizado (no general), transporte público, transporte de carga a sectores productivos clave, evitando que suba: el pasajes urbano y extraurbano, los alimentos y los costos logísticos; buscar otros mercados de compra estratégica de combustible, negociando contratos a mediano plazo con proveedores internacionales y aprovechar precios cuando bajen para asegurar reservas, así como tambien el control y fiscalización real del mercado, supervisando a importadores y gasolineras y evitar especulación o aumentos injustificados, evitando que en Guatemala muchas veces el precio sube rápido… pero baja lento. Eso hay que corregirlo, y esto debe ser una oportunidad para mejorar la eficiencia logística del país, reduciendo costos de transporte interno, e invertir en infraestructura, principalmente en las vías férreas. Y por último apostar por energía alternativa, soluciones estructurales de vehículos eléctricos, energía solar y transporte público eficiente, es decir, cuando se dice público, es que el Estado lo administre de manera eficiente.
Sabemos que el gobierno NO puede controlar el precio internacional del petróleo, pero sí puede controlar y reducir los efectos económicos de la crisis mundial energética en Guatemala.







