En vísperas de recibir el año 2026 en el primer cuarto del siglo veintiuno, debemos
en lo personal hacer una reflexión de lo hecho durante el 2025 tanto en la familia,
como en nuestras profesiones u oficios, ver si cumplimos con las metas trazadas y
cuál de ellas cumplimos.
Al iniciar un nuevo año, Guatemala se encuentra nuevamente ante el desafío de
mirarse con verdad y asumir cada ciudadano con su rol, defender las instituciones
democráticas, exigir del Estado que se cumpla con la ley y el bien común, con una
responsabilidad histórica, y que este cumpla con las deudas sociales que por
décadas han marcado la vida de millones de guatemaltecos. No es solo un cambio
de calendario; es una oportunidad para renovar el compromiso con un país que
exige justicia, dignidad y oportunidades reales para todos.
El año que termina evidenció una vez más las profundas brechas sociales que
persisten en nuestro territorio, aún más de maneras ideológicas sobre el peligro
que representa la extrema derecha representada en asociaciones y cuentas de la
red social X, y que buscan la permanencia del autoritarismo, matando con ello la
democracia y las conquistas logradas.
Las Comunidades rurales y urbanas marginadas, pueblos indígenas
históricamente excluidos, familias que sobreviven sin acceso pleno a salud,
educación, vivienda digna y empleo formal. Estas realidades no pueden seguir
siendo ignoradas ni tratadas como algo normal son los que lucharon porque la
democracia existiera en Guatemala, para poder avanzar y luchar por lo más
básico, empleo, educación y canasta básica.
La política en Guatemala debe recuperar su sentido social y moral. Gobernar no
es administrar privilegios ni proteger intereses particulares; es servir al pueblo con
honestidad, transparencia y sensibilidad humana. Es entender que cada decisión
pública impacta directamente en la vida de niñas y niños que merecen educación
de calidad, en jóvenes que buscan oportunidades sin verse obligados a migrar, y
en adultos mayores que han trabajado toda una vida y hoy exigen respeto y
protección.
Este nuevo año debe ser un punto de inflexión para todos y fortalecer el tejido
social, combatir la corrupción con firmeza y reconstruir la confianza ciudadana en
las instituciones del Estado, en especial en el Sistema de Justicia, el Tribunal
Supremo Electoral, Ministerio Público, y la Corte de Constitucionalidad. Sin
instituciones sólidas, sin rendición de cuentas y sin participación ciudadana activa,
no puede haber democracia verdadera ni desarrollo sostenible.
La justicia social en Guatemala pasa por garantizar igualdad de oportunidades,
respeto a la diversidad cultural, reconocimiento pleno de los pueblos originarios y
políticas públicas que respondan a las necesidades reales de la población. Pasa
por fortalecer la salud pública, dignificar la educación, impulsar el empleo digno,
apoyar al pequeño productor, al emprendedor y a quienes sostienen la economía
desde la informalidad.
La juventud guatemalteca merece un futuro con esperanza en su propio país. Las
mujeres merecen vivir sin violencia, con igualdad de derechos y oportunidades.
Los trabajadores merecen salarios justos y condiciones laborales dignas. Las
familias merecen seguridad, acceso a servicios básicos y un Estado presente que
acompañe, no que abandone.
Que este nuevo año nos encuentre más unidos como nación, dispuestos a dejar
atrás la indiferencia, la división y el conformismo. Guatemala necesita diálogo,
acuerdos nacionales y voluntad política real para construir un país más justo, más
humano y más solidario sobre en el sector privado y empresarial como el sector
conservador de Guatemala.
Con responsabilidad social, compromiso ciudadano y amor por Guatemala,
iniciemos este nuevo año trabajando juntos por un futuro donde la dignidad no sea
un privilegio, si no un derecho para todos.
Feliz Año Nuevo, Guatemala







