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En un mundo donde la información circula con rapidez, pero no siempre con profundidad, la lectura deja de ser un hábito accesorio para convertirse en una herramienta esencial de criterio, libertad y pensamiento propio. Cuando no leemos, no solo dejamos de aprender: renunciamos a cuestionar, a contrastar y, en última instancia, a formar nuestras propias ideas. Este vacío no es individual, es colectivo, y sus consecuencias se reflejan en cómo entendemos –o dejamos de entender– la realidad. 

El problema: La utilidad de lo inútil es el texto de uno de los primeros libros que discutimos en el Club de lectura con Alfonso Portillo, una mezcla de un evento presencial gracias a la Librería Sophos y de ROBERTO ALEJOS PODCAST, que se graba y se transmite como un capítulo adicional a los episodios políticos semanales.

Por qué de este título: en la mayoría de lugares –grandes, pequeños o incluso países– cuando hay que recortar presupuesto o reducir gastos, las decisiones se toman suspendiendo todo aquello que tiene que ver con el arte, la cultura, la música, la danza, el teatro y, por supuesto, la lectura. Nadie se da cuenta en ese momento de que todo eso está profundamente relacionado con cualquier otro tema: nada tiene sentido –ni siquiera en las ciencias exactas o en las carreras sociales– si no incorpora aquellos temas que para muchos son «inútiles». El verdadero problema está en cómo se han ido disminuyendo estos programas, como el civismo, porque no generan ingresos, mientras se priorizan cada vez más las actividades, estudios o profesiones que supuestamente «dan dinero», como si eso fuera lo único que importa. ¿Qué pasó? Después de grabar lo que indiscutiblemente es, hasta hoy, el podcast más conocido –y además el más exitoso– no solo en el Roberto Alejos Podcast, sino en el ámbito político del país, con la primera entrevista a Alfonso Portillo, en donde se abordó lo personal y lo político -lo bueno, lo malo y lo complejo, surgió una idea por parte del Director de Faisán Studio: crear un club de lectura.

NO SE VALE que no compartamos que llevamos ya más de un año, y no contemos que esto se ha convertido en un verdadero espacio de encuentro. La cantidad de personas que asisten mes a mes, luego de haber leído el libro correspondiente, no solo se mantiene, sino que crece, consolidando una comunidad que encuentra valor en la discusión y en el pensamiento compartido. Lo hemos mezclado también con un homenaje a Gabriel Aguilera y su obra, con el que iniciamos el año, no solo como un acto de memoria, sino como un recordatorio de la importancia de quienes han pensado y escrito sobre este país. Leer también es eso: reconocer a quienes dejaron ideas, preguntas y caminos. Quisiéramos tener más tiempo para abordar a los grandes escritores universales, pero también dar el lugar que merecen los autores guatemaltecos, especialmente aquellos que han tenido la valentía de escribir sobre nuestra realidad política.

¡Ya es hora! Que admitamos que no tener el hábito de la lectura se convierte en un vacío muy grande. Uno no puede hablar de lo que no conoce, ni decir que lo conoce si no lo ha vivido o si no lo ha leído a través de quienes sí lo han hecho. Tenemos que estar conscientes de lo que ha pasado en el mundo, de cómo la historia se repite, de sus protagonistas —los buenos y los malos—, de los tiranos y de quienes han sabido interpretar a la sociedad. Los textos que hemos escogido son útiles para entender lo que vive hoy el país y el mundo, cada vez más confrontado y dividido, en una fractura que ya no es solo ideológica, sino también económica. EL PRECIO DE LA DESIGUALDAD es el libro de este mes. En esta ocasión estaremos realizando un experimento: siguiendo las dinámicas de Caminemos, la Asociación Política que tengo el honor de dirigir, llevaremos el club a la Cámara de Comercio, siempre a las 6:00 de la tarde el 15 de abril.  Más que un tema de coyuntura, es una reflexión urgente: hoy no solo estamos divididos por ideas, sino por la  desigualdad. 

Que nos duela ver cómo cada día hay menos bibliotecas en el mundo, y en Guatemala aún más. Bajo el argumento de que todo está en redes sociales, han desaparecido los espacios fisicos donde se compartía, se debatía y se construía el pensamiento colectivo. Pero ese vacío no se llena solo. Requiere decisión, hábito y compromiso. Leer es un acto personal, sí, pero también una responsabilidad colectiva si queremos una sociedad que piense, cuestione y proponga. Que ese dolor se convierta en acción. Que nos involucremos. Que asumamos el reto de entender antes de opinar. Caminemos, participemos… o no avanzamos…

Jóvenes por la Transparencia

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