El problema: La constituyente, solo en sus primeros cuatro primeros artículos redactó lo siguiente: El Estado de Guatemala se organiza para proteger a la persona y a la familia; su fin supremo es la realización del bien común. Es deber del Estado garantizarle a los habitantes de la República la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona. El Estado garantiza y protege la vida humana desde su concepción, así como la integridad y la seguridad de la persona. En Guatemala todos los seres humanos son libres e iguales en dignidad y derechos. El hombre y la mujer, cualquiera que sea su estado civil, tienen iguales oportunidades y responsabilidades. Ninguna persona puede ser sometida a servidumbre ni a otra condición que menoscabe su dignidad. Los seres humanos deben guardar conducta fraternal entre sí.

Y en los artículos siguientes se redactó y aprobó lo siguiente: Toda persona tiene derecho a hacer lo que la ley no prohíbe; no está obligada a acatar órdenes que no estén basadas en ley y emitidas conforme a ella. Tampoco podrá ser perseguida ni molestada por sus opiniones o por actos que no impliquen infracción a la misma. Ninguna persona puede ser detenida o presa, sino por causa de delito o falta y en virtud de orden librada con apego a la ley por autoridad judicial competente. Se exceptúan los casos de flagrante delito o falta. Los detenidos deberán ser puestos a disposición de la autoridad judicial competente en un plazo que no exceda de seis horas, y no podrán quedar sujetos a ninguna otra autoridad.

¿Qué pasó? El Estado de Guatemala no se logra organizar para proteger a la persona y a la familia, al contrario, la violencia que probablemente está bajando, sube en la forma y razón de su existencia y pone a los ciudadanos en condiciones de vulnerabilidad. Por lo tanto, tampoco logra garantizarles a los habitantes la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona. El Estado no ha podido hacer mucho por la integridad y la seguridad de la persona. No somos seres humanos libres e iguales en dignidad y derechos. Ya sabemos que por eso las personas migran a otro país, que no tenemos iguales oportunidades y menos responsabilidades. Los últimos días, los chapines no logramos guardar conducta fraternal entre nosotros, ya no producto de los temas y confrontaciones ideológicas, sino por el hecho de que el Gobierno no tome medidas para ordenar el país, despiertan pasiones y conductas que nos confrontan y causan malestar.

Respetando el que toda persona tiene derecho a hacer lo que la ley no prohíbe; vemos que las personas creen que la ley no les prohíbe tapar el paso a los demás, aunque en la última oportunidad, la ley sí se los dijo con claridad y aun así lo hicieron. Lo que sí se cumple es el que las personas no fueron detenidas o presas, aun con causa de delito o falta y con orden librada con apego a la ley por autoridad judicial competente. Y eso que hubo casos de flagrante de delito o falta.

En el último capítulo de ROBERTO ALEJOS PODCAST, sin invitado, hago un análisis general de cómo el gobierno ha tenido que dar marcha atrás en las temas y decisiones y la pregunta es: No será que estamos exagerando la digna y respetable decisión del presidente Arévalo de no provocar confrontaciones y mantenerse muy respetuoso de los derechos humanos y de la ley.

NO SE VALE que cada vez que el gobierno tome una decisión la población se mueva, salga a las calles a tapar las vías de tránsito y a bloquear las principales rutas de comunicación.

Menos estar de acuerdo con que el gobierno acceda tan rápido a no seguir con las medidas para lograr que se regrese a la normalidad.

Será que en el fondo el gobierno sabe que la población no está preparada para este tipo de medidas o será que es porque ha salido con medidas que por su forma de aplicarlas se hacen inviables.

Será verdad que la mayoría de estas acciones son manejadas o en todo caso manipuladas por la oposición, algunos de ellos o para continuar la guerra que desde antes que tomaran posesión les están haciendo.

YA ES HORA de que se busque otra manera de salir con las medidas necesarias para ordenar el país. Y se llame al diálogo y negociación con las partes afectadas o incluso con las beneficiadas.

Pero no un diálogo entre políticos o entre poderosos. Es un diálogo con la población con las y los verdaderos ciudadanos que día a día se fajan para trabajar y generar el sustento diario.

Pero la pregunta del millón es, en donde encontramos a esos representantes de la población para no dialogar solo con los mismos. Porque además parece que el diálogo entre y con los mismos, y eso no nos está llevando a nada.

Estamos como empantanados y la lucha contra el lado oscuro, los golpistas, la corrupción y el crimen organizado, además de la lucha en contra de los que no quieren ningún cambio ya es suficiente como para ahora agregar una lucha entre ciudadanos.

José Roberto Alejos Cámbara

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