José Roberto Alejos Cámbara

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José Roberto Alejos Cámbara

La campaña política en aquella época fue totalmente distinta, y la diferencia radicaba en que no había candidatos a la presidencia, ni a la alcaldía, era una campaña con candidatos a diputados para hacer una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y una nueva Constitución.

Por un lado, estaban aquellos que insistían en una constitución conservadora y por el otro los que ofrecíamos regresar a los contenidos constitucionales de 1945.  Ambos grupos hacíamos campaña ideológica, no de regalar comida o cosas, no de hacer rifas. Fue una campaña sin anuncios televisivos o radiales y menos de redes sociales. Fue una campaña totalmente diferente a las que vemos cada cuatro años.

En aquella época recorrimos municipio por municipio, aldea por aldea y, en mi caso particular llevaba el ofrecimiento de temáticas diferentes que despertaran el interés. Uno de ellos fue que sería establecida la edad de 18 años para ser diputado, eso era motivar a los jóvenes a participar en política.  Recorrí muchos lugares a veces a pie y otras a caballo, solo así era posible llegar a las montañas de Jutiapa frente a la falta de carreteras o de asfalto en las que existían.

Era una campaña de dar la cara a la gente de cada municipio de Jutiapa, y decirle cuán necesario era que saliera a votar, de convencerla sobre la gran oportunidad para terminar con la violación a los Derechos Humanos y ese fue el más valioso ofrecimiento que hicimos los socialdemócratas y socialcristianos.

No sé si la población sabía más de política en aquella época, pero tengo la certeza que esa gente tenía ganas de cambiar las cosas. La campaña efectivamente fue diferente y se hicieron las cosas como debían hacerse, se habló de frente y se hicieron ofrecimientos reales y cumplibles, no había otra manera de convencer más que con la verdad.  En la actualidad no sé cómo hacen los diputados para hacer tanta promesa a sabiendas que no van a cumplir. A nosotros se nos hizo fácil responderle al ciudadano porque había un genuino interés de cambio.

Tras esa campaña histórica, se logró una plaza en el departamento de Jutiapa, una plaza que me correspondió y que se logró sin compromisos más que el ideológico partidista. Ese compromiso debería verse reflejado en el contenido de la próxima constitución porque lo que se había ofrecido era cómo gobernar dentro de los parámetros del respeto a los Derechos Humanos.

Gran diferencia de ofrecimientos en el pasado y lo que los diputados ofrecen en el presente. Centran sus ofertas en “dar” plazas en el Congreso cuando ya no hay más espacios físicos, pero el tema ya un negocio que difícilmente dejarán, lo es también la obra pública que llegará a las comunidades si y solo si, representa beneficio económico para los legisladores.

Así fue el principio de mi carrera política, totalmente diferente a lo que es la política de hoy. Y por más que le de vuelta al asunto siempre termino preguntándome ¿Qué hacer para regresar a esa época y que se haga verdadera política en donde imperen los debates ideológicos y no los regalos? ¿Qué hacer para que dejen de ofrecer lo que no van a cumplir?

Y aunque el problema es la persona que hace política, también lo es el sistema, un sistema que urge cambiar para que cesen las campañas de ofrecimientos banales, pero ¿Cómo cambiarlo si la población en extrema pobreza quiere esos regalos y necesita una plaza, aunque le cobren comisión?

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