En el edificio antiguo de la Facultad de Derecho, platicábamos en una ocasión con mi amigo y compañero de promoción, doctor Arturo Fajardo Maldonado (Q.E.P.D.) sobre tantas cosas que uno encuentra al leer “El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”; y me decía Arturo que hasta la famosa canción popular Cielito Lindo, algo tiene de la monumental obra que escribió Cervantes, en eso de que “…de la Sierra Morena vienen bajando, un par de ojitos negros…”. Pues bien, ahora que la melatonina ha ido disminuyendo como producto de las neuronas, leer capítulo por capítulo cada noche, es el mejor “medicamento” para conciliar el sueño. Y al leer esos capítulos, se encuentran refranes y frases que tal vez sin querer queriendo, ya las había anticipado don Quijote. Como ejemplos: Al referirse a las féminas que venden sus encantos, don Quijote les llama “ destas que llaman del partido “y quizá Agustín Lara tomó en cuenta eso cuando compuso el bolero que dice: “te vendes, quien quisiera comprarte”. En el capítulo VI de la primera parte, cuando están escudriñando la biblioteca del Hidalgo, la sobrina repite el prejuicio de Platón, de no querer a los poetas, pues dice la sobrina eso de los poetas “es enfermedad incurable y pegadiza”. Para la justicia distributiva de Aristóteles, dice “dichosa la edad… en la que vivían los antiguos porque entonces los que en ella vivían ignoraban las palabras tuyo y mío”. Y sin olvidar la función de los jueces, dice que antes ellos no tenían muchos casos que resolver. Por eso “La ley del encaje aún no se había asentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había que juzgar, ni quien fuese juzgado”. Según Cobarrubias, en la cabeza del juez debe encajar lo que dice la ley y no lo que a él se le antoje. En el capítulo XV se habla de la Ciudad de las Cien Puertas y aquí tenemos un pasaje en el Portal del Comercio, conocido como de las cien puertas. “hacer bien a villanos es echar agua en el mar”, “que con su pan se lo coman”; “¿Quién puede poner puertas al campo?” “Más vale pájaro en mano que buitre volando”, aunque ya no se dice como entonces. En el capítulo XXXI, dice Sancho: “…he oído predicar que se ha de amar a Nuestro Señor, por sí solo. Sin que nos mueva una esperanza de gloria o temor de pena”. ¿No hay parecido en este decir de Sancho, aquel verso que se atribuye a Santa Teresa de Jesús: “No me mueve mi Dios para quererte, el cielo que me tienes prometido…” aunque se les encaja a otros autores. En el mundo de los títulos de crédito, encontramos que en el tiempo de Cervantes a la Letra de Cambio se le llamaba Cédula de Cambio. En el capítulo XIII se lee: “Vivaldo, que deseaba ver lo que los papeles decían, abrió luego uno de ellos y vio que tenía por título: Canción desesperada”. Y eso me recuerda el sentido poemario de Pablo Neruda: “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. ¿Será que el premio nobel tomó del Quijote ese nombre”. Quién sabe. Según el Seco Paz y Paz, de grata recordación, Rafael Sosa dijo que las ideas de otros son mías en mí. Y es que hay muchas frases famosas que se discute sobre quien las dijo. Por ejemplo: “De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”, dicen que es de Bernardo Claraval o de Campoamor o de Dante; pero de este último, repasé todos mis subrayados de la Divina Comedia y no encontró la tal frase. De todos modos allí está. Así, querido lector, si quiere dormir sin necesidad de barbitúricos, lea el Quijote o el Cantar de los Cantares y verá que el sueño le llega sin sentir y le deja mucho a su inteligencia no artificial.
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