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La caída de Estrada Cabrera tuvo muchas consecuencias. Hago mención de dos de ellas. En la filial unionista de Taxisco figuró don Damián Estrada, dueño de una farmacia, quien era conocido por su facilidad de palabra y se le apodaba Cicerón.

Antes había sido partidario de Estrada Cabrera y del bando liberal; pero, cuando se dio cuenta que el movimiento unionista estaba por vencer, se afilió a ellos. El presidente fue informado de ese cambio de don Damián y entonces, la superioridad ordenó apresarlo y mandarlo por cordillera a la prisión de Cuilapa. Cuando era conducido, en Chiquimulilla le envió un telegrama al gobernante, desmintiendo la acusación y prometiéndole fidelidad y buenos deseos para que conservara el poder. Ese arrepentimiento fue del conocimiento de los liberales y entonces alguno escribió este corrido: “Del lodo te levantaste”, –gritando soy unionista–, pero luego te rajaste, –volviéndote cabrerista– El más peor indio de Mixco, –se levanta bravo y ufano, pero el Cicerón de Taxisco– Le pidió cacao al tirano. Si te faltó pundonor, implorar pudiste luego, un espíritu de a huevo, que te infundiera valor… Yo quisiera de tu madre, –o por lo menos tu querida. “Para enseñarte a pasar, de otra manera la vida”. La segunda consecuencia es el atentado contra el licenciado José María Lazo, quien fue un ferviente partidario de Estrada Cabrera, magistrado y diputado en la Asamblea, gozando siempre del reconocimiento del presidente. Parece ser que tenía enemistad con los hermanos Barillas Fajardo, hermanos a la vez del licenciado José Barillas Fajardo, destacado miembro del Partido Unionista. Una mañana que se dirigía a la capital, vía Cuilapa, acompañado del padre Marón, Aparicio Mejía, Eduardo Salazar y doña Florencia Bonilla, al pasar por una quebrada, el licenciado Lazo detuvo la cabalgadura y le soltó la rienda para que bebiera agua. En ese momento se oyó un disparo que fue a dar a la leontina del reloj que lucía el licenciado Lazo, de manera que eso le salvó la vida. Entonces apareció un corrido (posiblemente de la autoría de don Camilo Mancilla, el Quevedo de Chiquimulilla) que dice:

“En un día esplendoroso, en la quebrada de Amapa, allí iba a perder la vida, un indio que iba a Cuilapa –El criminal disparó con muy buena puntería, pero le salvó la vida, el reloj o la leontina”– Gritaba el padre Marón, si se muere el licenciado, estaré siempre a su lado y darle la extremaunción. –También don Licho Mejía, repetía sin cesar, no se aflija licenciado, que el pulso está en su lugar. “–La pobre Lencha Bonilla, gritaba fuera de sí, si se muere el licenciado hay Dios que será de mí. –Y el pobre Guayo culito, repetía con razón, si se muere el licenciado, se acabó mi protección”. (Estas como coplas, deberían investigarse, porque Guatemala tiene interesantes autores de ellas en la literatura de la época colonial y la vida social luego de la Independencia).  

 

René Arturo Villegas Lara

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