Sigue relatando el tío Herlindo, que en el mes de abril de 1923, no se sabe quién recibió la noticia de que en la capital el Partido Unionista se había levantado en armas contra el gobierno y que en Escuintla habían alzados que marchaban para unirse a los que combatían en las calles de la capital. Entonces la filial unionista de Guazacapán citó de urgencia a sus afiliados para irse a la capital y participar en los combates. Y continúa el relato que, sin medir las consecuencias, (los guazacapanecos) llenos de entusiasmo nos preparamos para marchar al siguiente día rumbo a la cabecera departamental, que en ese entonces era Barberena, encabezados por el comandante Raymundo Pérez Medrano. Éramos cincuenta los que formábamos el pelotón y en los de caballería iban, entre otros, los finqueros Benjamín Cermeño, Julio Corado, Porfirio González, Daniel Orantes y Leandro Contreras. La pura tropa la abanderaba Pedro Orantes, acompañado por Teófilo Ruano, Pilar Quina, Vicente Gómez, Pedro Chiquirín y muchos otros. Como a las nueve horas del día 8 de abril, fecha de la partida, llegaron los unionistas de Taxisco, comandados por Tránsito Valenzuela, y lo seguían José María Roldán, José Tuna, Carlos Fonseca y otro más. El grupo iba armado de machetes, pistolas y rifles en escaso número. Cuando pasaron por Chiquimulilla, los unionistas de esa filial no se unieron, sólo salieron a lanzarnos vivas porque no creían que fuera cierto lo del levantamiento. El 9 de abril, en el camino a Barberena, nos encontramos con un automóvil donde viajaban los hermanos Barillas Fajardo y Leopoldo Castillo, ordenándole al jefe del contingente que regresáramos a Cuilapa, pues traía órdenes de fusilar al coronel Marcial Leiva, preso en esa población por haber dado muerte al alcalde Alfonso Artiga. La comandancia de Cuilapa estaba a cargo del capitán Clemente Bonilla, de Taxisco, quien al leer la orden que llevaban los Barillas Fajardo, permitió que Leiva fuera pasado por las armas al pie de una pila que estaba frente a la Fiscalía Militar. Los más gritones pidiendo el fusilamiento fueron Daniel Pérez y Leandro Contreras, a quienes Leiva nunca les hizo algún daño. Fue un asesinato político porque no hubo juicio. Y cómo son las cosas del destino: el 22 de agosto de 1922, cuando los liberales habían recuperado el poder, dos años, cuatro meses después del fusilamiento del coronel Leiva, Daniel Pérez fue fusilado en Chiquimulilla por orden del Coronel Amelio Aroche. Si existe la ley de la recompensa, con su fin quedó comprobada. Ahora, Leandro Contreras falleció en cama como todo mortal y siempre se le tildó de miedoso y no digno de confianza. Y es que el fusilamiento del coronel Leiva fue ingrato porque, según decían, fue un valiente defensor de la patria en la guerra de 1906.
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