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Con anticipación, analistas políticos planteamos que la unidad de las fuerzas sociales y políticas progresistas y honestas era la forma para expulsar a las mafias criminales y corruptas, y rescatar el país. Varias iniciativas tratan de avanzar en esa dirección, si bien todavía no se ven respuestas positivas de fuerzas y personalidades políticas. URNG y Winaq llevan años de buscar una alianza firme y duradera, aunque han sido poco permeables a las fuerzas sociales; pero no existen iniciativas de alianzas de Semilla/Raíces, siempre limitados por quienes les financian; CODECACODECA, con su rechazo de “los otros”, pese a no ser partido; corrientes socialistas independientes; y VOS, que no define si entra en alianza con la derecha o con el centro-izquierda. Por el lado sociopolítico, la iniciativa más importante, si bien no la única, es la del Frente Amplio por la Democracia (FAD).

En este incierto panorama, las elecciones de segundo grado se nos vinieron encima, sin haber llegado a previos y necesarios consensos, con lo cual pueden surgir rivalidades entre grupos que tendrían el mismo propósito de derrotar a las mafias. Lamentablemente, las prácticas espurias de la politiquería guatemalteca han calado dentro de las diversas agrupaciones y, no solamente entran en rivalidades desgastantes, que dividen el voto, sino que se intenta desacreditar a las personas que aceptan o buscan las candidaturas.

Tener más de una planilla para ir a las votaciones de representantes en colegios profesionales o en la búsqueda de la rectoría de la Usac podría ser una estrategia válida; pero debería existir el acuerdo previo de otorgar el respaldo a una sola candidatura para la decisión final. Esto es imposible si en la etapa previa, en vez de diálogo se ha procedido a la crítica y la difamación. Es este aspecto el que resulta más difícil de entender para los grupos hoy activos, lo que fácilmente puede llevar a la dispersión y, como consecuencia, la derrota. La derecha corrupta compra los grupos dispersos de mafiosos, una vez se conoce el candidato con más fuerza; pero entre los grupos honestos la alianza solo se produce bajo condiciones de confianza, y ésta se pierde cuando se observa que el interés personal lleva a acciones inaceptables.

Al anunciarse las elecciones de segundo grado, hace meses, propuse que la participación en ellas fuera un ejercicio de unidad y solidaridad mutua. Todavía es tiempo de hacerlo; pero lograrlo depende de diálogo y de buenos estrategas. En las elecciones pasadas para rector, el movimiento SOS USAC organizó a profesionales, catedráticos, estudiantes y trabajadores universitarios sin proponer un candidato único. Propuso, más bien, a tres académicos de probadas capacidad, honestidad y experiencia, para que en el momento oportuno se definiera quién sería el que obtuviera el apoyo necesario. Fue una estrategia adecuada, ya que Jordán Rodas se convirtió en el candidato, con los apoyos de los otros dos, y de haberse respetado las elecciones, sería el rector actual y no el usurpador Mazariegos. En el proceso hubo diálogo, transparencia y firme compromiso.

Redacción La Hora

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