Oscar Clemente Marroquín

ocmarroq@lahora.gt

28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.

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A lo largo de la historia de la humanidad se han dado diversas fuentes de conocimiento, empezando por el lenguaje oral que permitía trasladarlo a otras personas del entorno y, por supuesto, mucha de la información se iba desfigurando en ese envío de boca en boca por aquello que luego hemos llamado teléfono descompuesto. Luego Gutenberg, con su imprenta, permitió un crecimiento masivo del conocimiento que se traslada por medio del material impreso, que llega a muchas más personas. En todo caso, la clase y el tipo de conocimientos que se difunden pueden ser precisos, equivocados, bien intencionados o maliciosos.

Pues esas mismas características tan dispares son las que ahora generan preocupación entre muchos expertos al analizar el último paso de la Inteligencia Artificial como elemento crucial en la difusión del conocimiento. Mediante una serie de algoritmos se ha logrado que todo ese inmenso contenido que pulula en internet sea procesado y analizado por un mecanismo que empezó a usarse el año pasado, hace muy pocos meses, pero que ha tenido un fantástico crecimiento a pesar de que aún está en pañales en cuanto a la forma de procesar y digerir tanta información.

ChatGPT es, sin duda, una revolución en el mundo del conocimiento y es difícil predecir hasta dónde puede llegar y, mucho menos, el uso que de ese instrumento puede hacer la humanidad, tanto para expandir los conocimientos y la información como para otros fines que también se buscaron cuando se dependía de la comunicación oral y, posteriormente, de lo que se difundía gracias a la imprenta. El uso de toda la información existente y su manejo es un inmenso paso adelante que permitirá avances nunca antes vistos, porque la cantidad de datos que hay actualmente es inmensa, y la forma en que la misma será procesada y utilizada es el gran avance.

Vivimos en tiempos que permiten la proliferación de teorías de conspiración que se difunden como si fueran la verdad absoluta y mucha gente las cree ciegamente y considera ignorantes o perversos a quienes no comparten sus puntos de vista. Por eso hay que preguntarnos qué pasará con esa información maliciosamente generada cuando sea procesada mediante los mecanismos de la inteligencia artificial. En teoría, esa inteligencia artificial es imparcial y no tendenciosa, pero su materia prima es toda la información que ya hay en la red, esa gigantesca nube que se ha ido nutriendo tanto de verdades como de mentiras y en donde cuesta mucho detectar qué es qué.

Las mismas dudas y preocupaciones se dieron cuando surgió la imprenta y se masificó el conocimiento y, de hecho, hubo tanto un buen uso de ese mecanismo como el aprovechamiento que hicieron aquellas mentes perversas que empezaron a usar el invento de Gutenberg como un instrumento para extender y propagar sus creencias o sus maldades.

El tiempo dirá hasta dónde llegará la Inteligencia Artificial en esa propagación masiva de conocimiento y el empleo que de ello pueda hacerse. Pero al margen de cualquier otra cosa, es obvio que vivimos una de las mayores revoluciones de la humanidad.

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