Marco Morales

Marco Morales, Director de Water Co. www.water-co.com Ph.D. en ingeniería hidráulica y medio ambiente, MSc. Gestión y Planificación del Agua (UPV, España), especialista en Water Quality Monitoring (JICA, Japón), Gestión económica de recursos naturales y ambiente (UAH, España), Ing. Agr (USAC, Guatemala) Correo: marcomorales@water-co.com | Whatssapp: +502 33258714

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Marco Morales

Dice la RAE que chuco, es un adjetivo, voz indígena en Guatemala que significa sucio. Lo escribí con “sh” para que suene como lo hablamos aquí, y para provocar, incordiar, incomodar a ese grupo nefasto de personas a las que le da igual la muerte lenta, la contaminación, la inmundicia, la podredumbre, la asquerosidad tan abundante y característica de la mayoría de ríos, lagos, esteros y mares de Guatemala.

Lo titulé en signos de interrogación, pues tengo duda de si usted lector está cansado ya de esta situación o si ya se acomodó a este síntoma de país no funcional.

Aún hoy, siento náusea y asco, al recordar un río que une los departamentos de Jalapa y Santa Rosa que visité hace dos semanas. Escalante (2011) caracterizó la problemática, señalando elevadas cargas de fósforo total, grasas y aceites, coliformes fecales provenientes de las aguas residuales no tratadas de viviendas y de los beneficios del café.

Es tanta la escasez hídrica en los territorios, que ese río nauseabundo se deriva para regar cebolla, tomate, pastos y otros cultivos. La necesidad de los campesinos de contar con medios de vida, les ha orillado en ocasiones, según me indicó un líder comunitario, a rogar a los cafetaleros que suelten las aguas residuales de sus beneficios húmedos para poder regar.

Complejo, ¿verdad?

Esta semana, Vinicio Fuentes compartió en Twitter esta denuncia ciudadana: “Desde hace varios días el Río Michatoya que pasa por acá en Escuintla, por donde era el antiguo Ingenio El Salto, está de color rojo y todos los peces se están muriendo”. Esta situación no es nueva; en una de mis presentaciones del statu quo del agua en Guatemala, cito un artículo de Prensa Libre de agosto de 2016, que trata precisamente del río Michatoya teñido de rojo.

Se trata de un problema de aguas residuales especiales no tratadas, que es de conocimiento público, que demandaría una contundente acción de las autoridades ambientales y del Ministerio Público. ¿Está usted de acuerdo?

¿Y qué decir de los desechos sólidos de basureros clandestinos y del monstruo de la Ciudad Capital, el basurero de la zona 3, que aporta toneladas de desechos que son arrastrados en enormes correntadas en la época lluviosa?

En una ocasión previo a las elecciones a la alcaldía capitalina, Felipe Valenzuela de Emisoras Unidas leyó al alcalde Quiñonez una pregunta directa del Doctor del Agua, que compartí para ese foro: “Alcalde Quiñonez, los ríos de la capital son verdaderas cloacas al aire libre y usted lo sabe; ¿qué acciones concretas va a realizar para solucionar esa amenaza a la salud y ese daño ambiental?”. Allí está la grabación de los dos minutos de balbuceos del señor, sin brindar soluciones. Esto fue hace unos años, la problemática hoy es mayor (la población y el desorden han crecido).

El acuerdo gubernativo 236-2006 regula estas situaciones; me consta que hay empresas responsables que invierten en cuidar el ambiente, a pesar de los elevados costos de tratamiento. El problema para ellos en las zonas urbanas, es que las autoridades dejaron sobre sus hombros la problemática, sin ofrecer sistemas de tratamiento centralizados, más costos efectivos, o sin incentivar con mejores mecanismos el cumplimiento de la normativa.

Lo que no está regulado aún es la contaminación difusa, que es aún más grande y de la que hablaré en otra columna.

Mientras tanto el agua shuca corre por los ríos impunemente.

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