Hoy lanzó mi candidatura para ser electo magistrado suplente de la Corte de Constitucionalidad por la Asamblea del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala apoyado por el grupo gremial Unidad por la Democracia. ¿Qué me motiva hacerlo?
Cuando estaba en el colegio en mi último año nos daban una semana para ir y conversar con personas que ejercían la profesión que a uno le interesaba estudiar en la universidad. Se llamaba “Semana de la Carrera”. En mi caso, a mí me encantaba la idea de ser abogado, mi padre lo era. Pero siendo sincero, más allá de las películas de Hollywood sabía muy poco sobre qué hacía mi papá y cómo lo hacía. No tenía un entendimiento de lo que era la carrera en sí en Guatemala. Por otro lado, me gustaban las finanzas y la economía.
Me encantaban las películas relacionadas con Wall Street y el ejercicio de las finanzas y la bolsa de valores, pero también tenía mucho interés en los aspectos económicos y la geopolítica. Entonces, aproveché dicha semana para ir a conversar con economistas y con personas que se dedicaban a las finanzas porque era lo que tenía menos próximo. No obstante, a pesar de que eran personas muy capaces, analistas económicos muy serios y de connotado prestigio, ahora directores y/o gerentes financieros de grandes empresas nacionales con presencia internacional, la verdad es que no me “pintaron” adecuadamente la carrera. Por la gracia de Dios, no me convencieron que la carrera fuera lo interesante que es con lo que sé ahora. Pensé en serio en ser abogado como mi papá y decidí abordarlo sobre mi dilema.
Cuando conversé con mi papá le expuse que no sabía si quería ser abogado y que me interesaban los negocios y me dijo dos cosas, “mijo, la abogacía es una profesión muy noble”. Añadió que si no me gustaba ese camino la profesión era flexible para poder dedicarse a otra cosa ya que el Derecho está presente en todo. Me quedé con esas dos ideas y me convencí que iba a seguir la carrera de Derecho. En mi primer año de la carrera, para poder ganar dinero comencé a “procurar” en la oficina con mi padre y, aunque inicié a regañadientes, fue de las mejores decisiones de mi vida. Aunque inicié haciendo las tareas más básicas de la profesión, le fui tomando sabor a la carrera y a cómo en realidad se ejercía en los tribunales y en las instituciones públicas y a lo largo de la carrera me ayudó a entender mucho mejor lo que cursaba en las materias de estudios. Pero luego estaba el lado humano, me di cuenta que ayudar a la gente y buscar resolver problemas en efecto era “noble”.
Dos cosas marcaron mi punto de vista de la profesión, una es que en los últimos años de la carrera tuve la oportunidad de participar en “moots” o competencias de Derecho de arbitraje internacional y la otra fue estudiar fuera de Guatemala una maestría en España. La primera de ellas, me dio la oportunidad de apreciar cómo se puede ejercer la carrera en forma internacional y me dio una apertura de mente sobre lo que es el ejercicio del Derecho y la forma de estudiar y analizar casos complejos y, sobre todo, la destreza de poder argumentar en forma oral y pública, cosa que para mí era muy novedosa porque el litigio civil y mercantil es, en su mayoría, escrito. Vivir en España me abrió un mundo de conocimiento y me permitió luego de cursar un semestre de clases, dedicarme a la investigación de un tema de interés y hacer un trabajo de investigación al respecto con una infinidad de fuentes a las que nunca había tenido acceso. Me abrió el mundo a la riqueza de la investigación y de escribir.
En los últimos años me ha surgido mayor interés por el acontecer nacional y su situación política y eso me llevó a cursar una maestría para entender cómo funciona el Estado guatemalteco y, también, con esos conocimientos, comenzar a ser columnista de opinión para tratar de verter criterios y ayudar a la población a tener mejor criterio sobre los problemas nacionales.
Con el tiempo me he dado cuenta que mi vocación es el ejercicio del Derecho. Me gusta la economía y finanzas aún, tengo que decirlo, pero mi vocación es ser abogado. El estudio y análisis de casos complejos, así como hacer bien los asuntos cotidianos, me llena de satisfacción y sé que hice una buena escogencia con el consejo de mi padre. Me encanta la docencia y he tratado de transmitir mis conocimientos en distintas universidades porque creo en la obligación de enseñar lo que uno sabe.
Ahora bien, con el tiempo, me he dado cuenta que por diversas razones de diseño institucional constitucional, que no caben exponer aquí, para tener éxito en la profesión del Derecho ya no importan tanto los conocimientos, el estudio de casos y la argumentación jurídica, sino que el éxito se alcanza siendo un “gestor de influencias”. Eso es lamentable.
Pero yo soy idealista. Creo que las cosas pueden cambiar. Creo que los espacios de los cargos públicos y la judicatura se han llenado con personas que no lo merecen porque lo hemos permitido al no participar y tratar de obtenerlos. Nuestro tribunal constitucional ha sido cuestionado en las últimas dos magistraturas por la apariencia de falta de consistencia y politización. El otrora brillo y prestigio de dicha Alta Magistratura ha sido puesto en tela de juicio por la población en los últimos años.
Sin embargo, creo que en 2026 luego de los sucesos de los últimos años, es un año crucial para el país y puede marcar el rumbo del país por la senda de convertirnos en una democracia funcional, o bien, ahondarnos en un régimen del cual los constituyentes de 1985 quisieron alejarse. Creo que hoy es el momento de revivir el constitucionalismo de los constituyentes que, en parte, se ha erosionado. Es por eso que hoy planteo mi candidatura para ser magistrado suplente de la Corte de Constitucionalidad, es muy importante para mí devolverle al país algo de lo tanto que me ha dado a mí y a mi familia, hoy me pongo a disposición de los agremiados para volver a traer el Derecho, no el poder, a la alta magistratura y, con ello, traer de vuelta a dicha Alta Corte el “constitucionalismo”. Esto para responderle a la población y ser guardián fiel de la Constitución y sus principios. Haré todo lo posible por tener éxito en convencer a mis colegas agremiados por elegirme por los ideales que perseguimos con mi compañera de fórmula, la licenciada Astrid Lemus, y por juntos recuperar la nobleza de nuestra profesión, de la que hace casi 20 años me habló mi señor padre.







