Ya todos se olvidaron, ya no lo conmemoran las escuelas y colegios. Ni siquiera en el orgulloso altiplano. Tecún, nuestro héroe, quien gallardo se yergue en el Bulevard Liberación y en el periférico de Xela. En ambas estatuas con la lanza en la mano. El 20 de febrero era su día. Ya no. Pero quiero honrarlo con el siguiente poema:
LA MUERTE DE TECÚN UMÁN
Muere Tecún
Muere en solitario
Muere, que por Olintepeque tus guerreros corren
y por Ostuncalco tus valientes huyen.
Muere Tecún
y arrastra en tu silencio el grito centenario,
el llanto de un pueblo errante en su tierra,
ajeno en sus montes, extraño en sus milpas.
Muere Tecún
Una lengua foránea se escucha en la sierra
y el bosque repite palabras intrusas,
con otros vocablos cantan los cenzontles
y voces extrañas captan los venados.
Muere Tecún
Ondean al viento vistosos pendones
de sangre y de oro, de cruces y leones,
castillos y espadas
y bestias montadas recorren los campos
al paso soberbio del brioso galope.
Muere Tecún y reposa
Recuesta en la yerba tu noble cabeza
y un chorro de sangre que no corra al río
se quede en tu cuerpo
y pinte de grana, cual marca de fuego
las plumas de jade del ave nahual.
Que el viento recoja tu postrer suspiro
y lo eleve en sus alas esa ave esmeralda
y el último grito de tu pecho herido
ascienda a los cielos y un día regrese
vestido de lluvia de mayo.
Muere Tecún y no despiertes,
que como neblina se esfuma el recuerdo
y con el olvido vuelves a morir.
Despierta otro día
cuando el quinto sol alumbre tus volcanes
y aguas cristalinas por el Xequijel transcurran.
Cuando un nuevo aliento como de huracanes
Insufle la masa de otro maíz.
Despierta ese día en que los blasones de León y Castilla
se hilvanen unidos en tejido hermano
con los estandartes del reino quiché.







